Cuatro mujeres costarricenses fueron las primeras centroamericanas en ser sometidas a una extracción de la vesícula a través de la vagina.
Esta nueva técnica aprovecha los orificios naturales del ombligo y la vagina para sacar la vesícula a través de endoscopios y cámaras, sin necesidad de hacer cortes ni provocar cicatrices.
El procedimiento recibe el nombre de “cirugía endoscópica transluminal a través de los orificios naturales”. La técnica nació en el 2007 en Francia, con una intervención en el Hospital Universitario de Estrasburgo, liderada por Jacques Marescaux.
Dentro del equipo se encontraba la costarricense Cinthya Solano, quien decidió traer la técnica a nuestro país.
“Era algo que yo quería realizar para ayudar a mejorar la salud de mi país. Operar a través de los orificios naturales produce menos dolor, la estancia hospitalaria es corta, el riesgo de infección o formación de hernias es muy reducido y no hay cicatrices visibles”, comentó Solano.
Mal común. Cada año, la Caja Costarricense de Seguro Social atiende 315.000 problemas en la vesícula, y tres de cada diez requieren operación para extirparla.
La vesícula es un órgano localizado debajo del hígado, y se encarga de almacenar la bilis hasta ser requerida para la digestión. La bilis disuelve las grasas y facilita su absorción, y ayuda en el proceso digestivo.
Sin embargo, problemas en la vesícula pueden provocar males que obliguen a extraerla.
Por ejemplo, las piedras o cálculos, depósitos de colesterol o calcio que hacen que la bilis se vuelva demasiado espesa. Esto causa digestión pesada y cólicos bruscos recurrentes que muchas veces solo pueden tratarse extrayendo la vesícula.
Además, pueden provocarse formaciones en las paredes interiores de la vesícula llamadas pólipos. Algunos pueden ser pequeños tumores o pueden ser causados por una inflamación. Los pólipos mayores de un centímetro tienen mayor probabilidad de ser malignos, por lo que es necesario operarlos.
El procedimiento. Este nuevo tipo de cirugía consiste en una intervención de laparoscopia mínimamente invasiva. Es decir, una técnica que realiza las operaciones a través de cámaras de alta definición y no provoca heridas grandes.
El primer paso consiste en hacer un orificio de 5 milímetros en el ombligo de la paciente. Posteriormente, se coloca una aguja de 2 milímetros que sirve para inflar el abdomen con dióxido de carbono, a fin de tener una mejor visión interna del cuerpo de la paciente. Luego se coloca una cámara de 4 milímetros dentro del ombligo y se introduce en el cuerpo. Así se monitorea el avance de la cirugía.
Seguidamente, un ginecólogo abre una herida de 2 centímetros en la vagina. Ahí se coloca un endoscopio, que recorrerá la parte de atrás de la matriz hasta llegar a la vesícula.
Una vez en la vesícula, se introducen instrumentos a través del orificio del ombligo para hacer la cirugía. El cirujano remueve la vesícula a través de la vagina y sutura la herida.
La cirugía dura entre una y dos horas. Las heridas se cierran al poco tiempo y el paciente puede irse a su casa el mismo día.
Si la intervención se realiza de manera convencional, toma unas tres horas y el paciente permanece hospitalizado hasta dos días.
Exitosa. Las primeras tres intervenciones se hicieron en el Hospital México y la cuarta en el CIMA. Ninguna paciente mostró efectos secundarios.
“Nada más tuve que tomar antibióticos antes de la operación para preparar el cuerpo. Pero después, ni me di cuenta de cuándo me operaron. No tuve dolor y ya al día siguiente estaba cocinando feliz de la vida en mi casa. Después de eso, se acabaron mis dolores”, dijo Virginia Chacón, la primera paciente sometida a la cirugía.
Aunque esta técnica se puede aplicar a casi cualquier mujer mayor de 18 años, no todas son candidatas. Pacientes sin matriz, con endometriosis, cáncer de cérvix u ovario, o que son vírgenes, no pueden someterse a la cirugía.
