Los astronautas que visitaron la Luna en los años 70, durante las misiones Apolo de la NASA, no regresaron a la Tierra con sus manos vacías. Ellos trajeron varias rocas lunares que, además de ser un interesante souvenir , encerraban un misterio científico: muchas de ellas, a pesar de que la Luna hoy es un cuerpo frío que carece de campo magnético, estaban magnetizadas.
El origen de ese magnetismo se ha mantenido como un acertijo de la ciencia planetaria, pero ahora astrónomos del Instituto Tecnológico de Massachusetts y la Universidad de Berkeley han puesto fin al misterio.
Los investigadores, liderados por Ian Garrick-Bethell, se dieron a la tarea de analizar la más vieja –y la más bella– de las rocas recolectadas en la Luna.
Blanca con chispitas verdes, la roca es más antigua que cualquier piedra hallada en nuestro planeta o en Marte, convirtiéndose en testimonio vivo del origen de la Luna hace unos 4.200 millones de años.
La roca fue recolectada por el único geólogo que ha caminado sobre la Luna, el astronauta Harrison Schmidt, durante la misión Apolo 17, en 1972.
Con el uso de un magnetómetro los científicos estudiaron el origen de la propiedad física de la piedra lunar.
Las conclusiones del análisis, dadas a conocer en la última edición de la revista Science , señalan que las propiedades magnéticas de la roca no se deben al impacto de meteoritos magnetizados sobre la superficie lunar, descartando así una de las hipótesis propuestas.
Según los investigadores, la antigua roca magnetizada demuestra que en sus orígenes, hace 4.200 millones de años, la Luna era un cuerpo caliente, con un núcleo de metal fundido que generaba un campo magnético con una fuerza igual a un cincuentavo de la que posee hoy la Tierra.
El hallazgo, además, respalda la hipótesis de que la Luna surgió tras el impacto de un objeto del tamaño de Marte contra la Tierra, fraccionando el planeta, y dando origen a nuestro satélite que, con el paso del tiempo se enfrío y perdió su campo magnético.