El artista Roberto Lizano, costarricense de 55 años que siempre viste de camiseta y pantalones cortos, pobló una sala de la Galería Nacional con fantasmas, cuerpos ausentes, reflexiones acerca de la identidad y otros experimentos recientes.
Su exposición se titula Presentes, ausentes y está compuesta por 12 piezas creadas a partir de materiales de desecho y de fotografías antiguas.
Hace cinco años, en una tienda de antigüedades, el artista encontró un grupo de viejos retratos en blanco y negro que eran pintados por el fotógrafo encargado.
Los compró y los introdujo en sus trabajos desde el 2002, junto a tapices, pedazos de papel, sus propios dibujos y algunas pinturas.
“Esas fotografías son parte de nosotros y me sirven para hablar de la identidad latinoamericana y de cómo morimos pero quedamos en lo que dejamos a nuestro alrededor”, dice Lizano.
Pura mezcla. Sus obras son una gran mezcla. A veces, una pintura vieja le sirve de soporte para pegar un rostro sacado de una foto o agregar “un fantasma”: la silueta que queda en una foto al sacar la imagen que estaba en ella.
En otras ocasiones, su ironía inspira piezas como Matrimonio , en la que él representa una pareja: no solo incluye el rostro de una mujer y el de un hombre, sino lo que ellos no muestran, así como la vestimenta con que se exhiben.
“Son dos media cruces ya que dicen que el matrimonio es una cruz”, expresa el artista.
Una de las piezas más impresionantes de la muestra es Enredadera genealógica (2006): un dibujo de un hombre negro que se apoya en familias de diferentes colores y clases sociales.
Además, Lizano recreó su taller en la sala de exhibición y hace sus obras frente al público.
“Me gusta la retroalimentación que viene de la gente. Además, aquí tengo todos los materiales que necesito y hasta pongo música”, afirmó este integrante del grupo Bocaracá.
