
Más de 200 cuerpos enterrados en un solo sitio evidencian una crisis epidémica sin precedentes que golpeó al Mediterráneo Oriental durante la Antigüedad tardía.
La Peste de Justiniano, una pandemia de peste bubónica que afectó la región del Mediterráneo entre los años 541 y 750 d. C., causó la muerte de millones de personas y marcó el rumbo histórico de Europa y del Oriente Próximo en los inicios de la Edad Media.
A pesar del paso de los siglos, los efectos de este primer brote pandémico continúan bajo estudio. Investigadores de la Universidad del Sur de la Florida analizaron una fosa común en la ciudad de Jerash, Jordania, y la vincularon de forma biomolecular con la peste del mundo bizantino.
Los hallazgos se publicaron el 13 de enero en la revista científica Journal of Archaeological Science. Este trabajo corresponde al tercer artículo académico de una serie dedicada a comprender el impacto humano de la pandemia.
Restos óseos que narran una catástrofe
Mediante documentación arqueológica, análisis de isótopos estables y estudio de DNA antiguo, el equipo científico logró un resultado inédito. Identificó, tanto a nivel arqueológico como genético, la fosa común más antigua asociada a la primera pandemia de peste bubónica en el Mediterráneo Oriental.
La fosa del hipódromo de Jerash, datada entre mediados del siglo VI e inicios del siglo VII d. C., contiene alrededor de 230 restos humanos. El patrón de entierro muestra similitudes con fosas del periodo medieval tardío asociadas a brotes de peste. Presenta deposición rápida y de alta densidad, con mínima estructura funeraria y conservación homogénea de los restos.
Los investigadores señalaron un elemento clave. El sepultamiento no mostró señales de crecimiento progresivo, a diferencia de otros cementerios de la época. La evidencia indicó que cientos de cuerpos fueron enterrados en pocos días, lo que refleja una mortalidad masiva y una profunda vulnerabilidad sanitaria en ciudades antiguas.
El autor principal del estudio, Rays Jiang, explicó que el objetivo fue ir más allá de la simple detección del patógeno. El análisis buscó reconstruir quiénes fueron las personas afectadas, cómo vivían y cómo enfrentaron la muerte durante una crisis epidémica real en un entorno urbano.
Una pandemia y su dimensión social
Las pruebas de DNA antiguo identificaron una cepa uniforme de la bacteria Yersinia pestis, lo que confirmó un evento epidémico simultáneo. Estos datos replantean la comprensión sobre la propagación de pandemias en sociedades densamente pobladas de la Antigüedad.
El estudio también subrayó que las pandemias no solo constituyen fenómenos biológicos. Funcionan como eventos sociales que exponen desigualdades, patrones de movilidad y condiciones de vulnerabilidad. Según los investigadores, estos mismos factores continúan influyendo en la forma en que las enfermedades impactan a las sociedades actuales.
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