
La reducción de las emisiones de metano ayuda a frenar el cambio climático. Sin embargo, una nueva investigación de la Universidad de Reading, en Reino Unido, señala que esta medida también podría ralentizar la recuperación de la capa de ozono si no se acompaña de acciones adicionales contra otros gases contaminantes.
El estudio fue publicado en la revista científica Geophysical Research Letters. Sus hallazgos indican que la recuperación del ozono estratosférico podría verse afectada si los esfuerzos para reducir el metano avanzan sin medidas paralelas para disminuir las emisiones de halocarbonos y óxido nitroso.
Los investigadores encontraron que una menor presencia de metano aumenta la capacidad de otros gases para destruir el ozono. En particular, los compuestos derivados de los halocarbonos y el óxido nitroso se vuelven más reactivos desde el punto de vista químico cuando disminuyen los niveles de metano.
De acuerdo con el análisis, cuanto mayor sea la reducción del metano, más lenta podría ser la recuperación de la capa de ozono.
El autor principal del estudio, James Weber, del Departamento de Meteorología de la Universidad de Reading, explicó que los resultados no cuestionan la importancia de reducir las emisiones de metano. El investigador destacó que este gas sigue siendo el segundo gas de efecto invernadero más relevante generado por actividades humanas, solo por detrás del dióxido de carbono.
Además, indicó que disminuir las emisiones de metano continúa siendo una de las formas más rápidas de limitar el calentamiento global. También genera beneficios para la calidad del aire.
La investigación resalta que las políticas destinadas a reducir los halocarbonos y el óxido nitroso adquieren una relevancia aún mayor en escenarios donde los países reducen de forma significativa las emisiones de metano.
Según los científicos, la ausencia de reducciones adicionales en esos gases podría provocar efectos no deseados sobre la capa de ozono, pese a los beneficios climáticos asociados al control del metano.
La capa de ozono se ubica en la parte alta de la atmósfera. Su recuperación avanza desde que los países acordaron eliminar gradualmente sustancias dañinas para el ozono mediante el Protocolo de Montreal de las Naciones Unidas, adoptado en 1987.
El estudio estima que para el año 2100 la cantidad total de ozono atmosférico podría ser un 2,4% menor en un escenario con fuertes reducciones de metano en comparación con otro donde esas reducciones no ocurran.
Los efectos también podrían reflejarse en la exposición de la población a la radiación ultravioleta.
Los investigadores calcularon que la superficie terrestre expuesta a niveles de radiación UV considerados extremos por la Organización Mundial de la Salud podría aumentar entre un 30% y un 35% para 2070.
La exposición elevada a los rayos ultravioleta se asocia con el desarrollo de cáncer de piel y otros problemas de salud.
Para elaborar el estudio, el equipo utilizó el Modelo del Sistema Terrestre del Reino Unido (UKESM). Esta herramienta informática simula el comportamiento de la atmósfera, los océanos y la superficie terrestre.
Los científicos evaluaron distintos escenarios de reducción de emisiones de metano durante este siglo. Las simulaciones incluyeron desde reducciones consideradas realistas a corto plazo hasta recortes mucho más extremos, con el objetivo de verificar la consistencia de los resultados.
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