
Un equipo de investigadores británicos ha demostrado que una proteína llamada GDNF, extraída de las células gliales del cerebro, puede inducir el crecimiento de nuevas fibras nerviosas en las zonas del cerebro dañadas por la enfermedad de Parkinson y mejorar los movimientos corporales en quienes sufren ese mal.
El éxito del GDNF (factor neurotrófico derivado de la glía) podría recuperar el interés en el estudio de esa proteína como posible terapia para el Parkinson.
Hace unos años se tenía esperanzas en esta sustancia, pero su gran toxicidad había llevado al abandono de su estudio.
En esta investigación, científicos del hospital Frenchay, en Bristol, y del Imperial College de Londres, dirigidos por el neurocirujano Steven Gill, inyectaron esa proteína directamente al putamen, la zona del cerebro dañada por el Parkinson. El procedimiento se realizó en cinco pacientes.
Al cabo de unos meses, los enfermos observaron mejoras en sus habilidades motrices, que continuaron durante casi cuatro años de tratamiento e incluso después de que terminase la medicación, señala el estudio, dado a conocer en la última edición de Nature Medicine .
Dentro del cerebro. Tras la muerte accidental de uno de esos pacientes el pasado diciembre, a consecuencia de un ataque cardíaco, los científicos examinaron la parte del cerebro en el que se había inyectado la proteína GDNF y la compararon con la zona no tratada.
En los enfermos que sufren el mal de Parkinson, los nervios que contienen el mensajero químico llamado dopamina se dañan, lo que genera temblores y otras anomalías motrices.
Al examinar el cerebro tratado con GDNF, el profesor Seth Love, del Instituto de Neurociencias Clínicas del Hospital Frenchay, descubrió que las fibras que contenían la dopamina se habían regenerado en el putamen.
Según el cirujano Stephen Gill, por primera vez hay pruebas de que se puede lograr la regeneración de neuronas moribundas y de la posibilidad de restablecer las funciones cerebrales.
La proteína GDNF no está disponible actualmente para los pacientes de Parkinson ya que su fabricante, Amgen, suspendió la producción debido a las preocupaciones por su toxicidad y a sus mediocres resultados.
Sin embargo, el equipo de Bristol ha desarrollado un método más directo de inyectar la proteína en el tejido cerebral, lo que ha mejorado la eficacia del tratamiento.