
Con mucho cuidado, Italo Abel Quezada toma un pequeño tubo plástico que contiene el ADN recolectado de una escena de crimen donde hubo una violación.
Quezada extrae luego con una pipeta 10 microlitros de la sustancia, la pone en otro tubito y le agrega una enzima que "romperá" el ADN en pedazos para poder ser analizado y comparado con otros ADN.
Italo desecha la punta de la pipeta y hace el mismo procedimiento, ahora con el ADN de uno de los sospechosos.
La técnica, llamada "huellas digitales de ADN", podrá determinar si el ADN hallado en la escena del crimen coincide con el de uno de los sospechosos de perpetrar la violación.
Cualquiera pensaría que Italo Abel Quezada es un genetista del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), pero en realidad es un profesor de ciencias en un colegio de Coclé, Panamá.
Junto con su coterránea Migdalia Elena Arauz y Paula Cornejo, profesora en el Colegio Técnico de Pococí, Italo intentaba resolver el miércoles una de las pruebas de laboratorio impuestas en un curso de actualización en genética y biología molecular que se desarrolla esta semana en la Universidad de Costa Rica (UCR).
Participantes. Son 26 los profesores de ciencias -17 costarricenses y 9 de países centroamericanos- los que esta semana dejaron sus aulas para convertirse en alumnos y aprender, con las gabachas de genetista puestas, los últimos avances y técnicas en este campo científico.
Por las mañanas reciben la teoría, a cargo de la genetista Pilar Ramírez, y por las tardes realizan los trabajos de laboratorio bajo la guía de Federico Hernández y varios estudiantes de posgrado.
Además, a media mañana y al final de la tarde participan en charlas magistrales con destacados investigadores como Marta Valdez, Gustavo Gutiérrez, Bernal Morera, James Karkashian, Federico Villalobos, Alejandro Leal y Federico Albertazzi.
El curso de actualización en genética y biología molecular para profesores de secundaria es el primero en el país. Ha sido una realidad gracias al empeño de Ana Victoria Lizano, Pilar Ramírez y María Marta Camacho, investigadoras de la UCR.
Motivadas por el éxito de cursos como estos en Chile y Argentina, las investigadoras quisieron hacer un proyecto similar para los docentes centroamericanos.
El curso busca que los profesores no solo conozcan lo último en la materia de genética, sino que experimenten y lleven esa pasión a sus alumnos en el aula y la compartan con otros colegas.
Con el apoyo económico de la UCR, la Red Latinoamericana de Ciencias Biológicas, la Red Interamericana de Academias de Ciencias y el Ministerio de Ciencia y Tecnología, se pudo costear el traslado y alimentación de los participantes, comprar los reactivos para los experimentos y comprar libros de texto.
La esperanza de Ana Victoria Lizano es que este esfuerzo se repita y que se traduzca en un mejor entendimiento de la genética por los jóvenes colegiales.