La tradición de colocar uno de los pesebres más grandes del mundo en Ciudad del Vaticano –corazón de la Iglesia Católica– celebra 25 años esta Navidad.
En medio de un millar de fieles y curiosos el Papa Benedicto XVI inauguró y bendijo ayer por la tarde el enorme Nacimiento colocado en el centro de la Plaza San Pedro, justo delante del obelisco de 40 metros tallado por el magnífico escultor italiano Gian Lorenzo Bernini.
Esta es una tradición instaurada por el fallecido Papa polaco Juan Pablo II en 1982 (pero materializada en 1983).
El Nacimiento de este año tiene unas dimensiones aún más grandes que en los años anteriores. En total, la representación de El Belén integra 22 figuras de tamaño natural esculpidas en madera. También están representados los símbolos cristianos del agua (manantial de vida) y el fuego (considerado como la luz y calor de Cristo).
El portal abarca un área de 400 metros cuadrados de la Plaza de San Pedro y cada una de las estatuas tiene una altura de al menos 2,5 metros.
Nueve de estas piezas –la base del portal– forman parte de la tradición desde 1842, cuando fueron cedidas por la Iglesia de San Andrés del Valle.
Las piezas restantes se han añadido a lo largo de este cuarto de siglo.
Este año, por ejemplo, la responsable de la organización de este pesebre fue la Asociación Amigos del Belén de la localidad de Tesero. Este es un pueblo situado a 1.000 metros de altitud, en el Valle de Fiemme, parte oriental de Trento, que tiene más de 40 años de dedicarse exclusivamente a la elaboración de pesebres.
En el 2006 estos italianos fueron quienes añadieron 13 figuras más.
Costumbre que evoluciona. De acuerdo con Pier Carlo Cuscianna, director de los Servicios Técnicos del Vaticano, el Nacimiento colocado en la Plaza de San Pedro es todo un ícono mundial en constante evolución.
Por ejemplo, Cuscianna explica que el primer montaje que se hizo en 1983 era minúsculo, por lo que no competía en lo absoluto con lo imponente de la arquitectura de la Plaza de San Pedro.
Sin embargo, con el paso de los años el pesebre se fue haciendo más grande y complejo para evitar que las figuras se pierdan en el imponente contexto.
“Al Vaticano le interesa destacar el pesebre en casa. Al papa Benedicto XVI animó a los católicos a hacer un pesebre en cada hogar como una forma sencilla pero eficaz de presentar la fe y transmitirla a los hijos”, explicó Cuscianna.
“Consideramos que el conjunto figurativo y la arquitectura del pesebre honran los lugares santos de aquella época”, señaló el sacerdote Cuscianna al diario vaticano L’Obbservatore Romano.