
La secuencia genética completa del panda gigante ha revelado que el icónico oso chino tiene todos los genes necesarios para digerir carne, pero no los de su comida básica, el bambú.
Un equipo internacional trazó la secuencia de una hembra panda de tres años llamada Jingjing, que fue la mascota de la Juegos Olímpicos de Pekín 2008, y encontró que carecía de todo gen reconocible de enzimas celulíticas, que descomponen el material vegetal llamado celulosa.
“La dieta de bambú del panda podría estar dictada más por su flora intestinal que por su propia composición genética”, afirma Wang Jun, subdirector del Instituto Genómico de Pekín, en Shenzhen, provincia de Guangdong, quien dirigió el proyecto de la secuencia genómica.
Los investigadores también descubrieron que el gen T1R1, que codifica un receptor clave para el sabor gustoso o “umami” de la carne, se ha convertido en un “pseudo gen” debido a dos mutaciones.
“Esto podría explicar por qué la dieta del panda es primordialmente herbívora aún cuando está clasificado como carnívoro”, destaca Wang.
La investigación, publicada en Nature , muestra que los pandas tienen alrededor de 21.000 genes comprimidos en 21 pares de cromosomas, incluyendo un par de cromosomas sexuales. De todos los mamíferos cuya secuencia ha sido trazada, los pandas son más parecidos a los perros –con un 80% de similitud– y apenas 68% similares a los humanos.
Pero el genoma del oso ha sufrido menos cambios genéticos con el paso del tiempo que el de los perros y humanos, sugiriendo que evolucionó más lentamente. El panda a menudo es visto como un “fósil viviente” porque se piensa que ha vivido en China desde hace más de ocho millones de años.
El estudio también muestra que los pandas tienen un alto grado de diversidad genética, casi el doble que los humanos.
“Esto muestra que el panda tiene buenas probabilidades de sobrevivir pese a su reducido tamaño poblacional”, considera Wang.
“El estudio ha erigido las bases biológicas para entender mejor a los pandas y tiene el potencial de mejorar su conservación a través del control de enfermedades e impulsando la reproducción de la especie”, considera Jianguo Liu, biólogo conservacionista de la Universidad Estatal de Michigan, en East Lansing, Missouri, quien no participó en el estudio.
Amenaza a su hábitat. Los críticos enfatizan que proteger el cada vez más reducido y fragmentado hábitat de los pandas es un tema más urgente para su conservación. Se piensa que en China viven alrededor de 1.600 pandas salvajes, aunque la cifra real es debatida acaloradamente. Más o menos otros 300 viven en cautiverio.
Algunos conservacionistas, como Fan Zhiyong, directora de programa para especies de China de la WWF, creen que el genoma del panda impactará poco los esfuerzos que se hacen por la conservación.
“Proteger a los pandas en estado salvaje sigue siendo la principal prioridad, pero sus hábitats cada vez son más pequeños”, afirma Fan. “¿De qué sirven los genes si va a llegar el día en que no tendremos más pandas salvajes?”, cuestiona.
Pese a que China ha establecido varios santuarios para pandas desde la década de 1960, el desarrollo económico a menudo se ha impuesto sobre la conservación de la especies. Consecuentemente, el hábitat de los pandas muchas veces es invadido por proyectos de construcción como presas y autopistas.
El turismo también es una gran amenaza porque los pandas son criaturas solitarias. Por ejemplo, Jiuzhaigou, un santuario para pandas en Sichuan, es visitado por millones de turistas anualmente. “Ya no se ve ningún panda allí, y eso no es sorprendente”, acusa Fan.
“No hay duda” que la información del genoma y la protección de su hábitat son cruciales para los esfuerzos de conservación, apunta Wang. El genoma del panda, el primero de una serie de esfuerzos de trazado de secuencias del instituto Shenzhen, pondrá a prueba hasta qué grado puede ayudar este tipo de información genética a la conservación de especies en peligro de extinción, agrega.
El equipo ha elaborado un mapa genómico preliminar del oso polar y ha comenzado a trazar la secuencia del antílope tibetano.