
Al igual que los atletas, quienes siguen rutinas de entrenamiento, los padres pueden fomentar en sus hijos un plan bien estructurado que los lleve a comer menos confites y muchas más frutas.
Así lo demostró el mayor estudio hecho hasta la fecha sobre el impacto de la educación en la nutrición infantil.
Nutricionistas de la Universidad Northwestern, en los Estados Unidos, siguieron a 595 niños de 8 a 10 años de edad.
La mitad de los pequeños recibieron consejos e instrucciones específicas para comer en forma más saludable, en un plan estructurado de educación.
Los nutricionistas también educaron a los padres, y les indicaron la importancia de una dieta baja en grasas y azúcares.
Con esa orientación, los padres iban a sus hogares con el compromiso de hacer cambios.
Al inicio del trabajo, un tercio del total de calorías diarias que consumían los niños provenían de bocadillos, postres y pizza.
Tres años después los menores que habían asistido a clases de nutrición comían alimentos más saludables que quienes no recibieron ese tipo de orientación.
Específicamente, quienes recibieron consejos llegaron a obtener más del 67% de sus calorías diarias de comidas sanas.
En contraste, el grupo que no pasó por esas lecciones obtenía menos del 57% de sus calorías de alimentos realmente sanos.
"El estudio reveló que los niños que aprenden a comer bien continuarán con esos hábitos", dijo Elizabeth Nabel, directora del Instituto Nacional de Corazón, Pulmones y Sangre.
Agregó que los programas de educación nutricional surten efectos positivos en los pequeños.
Reacios a las frutas. El trabajo, publicado en la edición de junio de Pediatrics , solo encontró una barrera entre los niños.
"Hubo sustanciales mejoras en el consumo de alimentos saludables, menos en el grupo de las frutas y las verduras", dijo la nutricionista Linda Van Horn, directora del trabajo.
En el estudio ninguno de los niños llegó a comer suficientes frutas y vegetales, a pesar de que la mitad recibió información sobre el valor de esos alimentos.
No obstante, un aspecto clave para cambiar los hábitos en la mesa fue el ejemplo de los padres.
Van Horn indicó que no solo se trata de enseñar a los adultos a comer bien, sino de mostrarles la importancia de tener alimentos sanos para sus hijos.
"Los padres deben asumir la responsabilidad de suministrar a los niños comidas sanas en casa, en la escuela y en sus actividades de recreo", dijo la experta.
"En un juego de futbol el niño puede rechazar una bebida gaseosa porque sabe que tiene mucho azúcar, pero cuando pide un jugo natural, simplemente, no está disponible", añadió.
Recordó que un niño obeso suele ser igual ya adulto.