
Un nuevo mapa global del flujo de calor de Venus reveló que el planeta disipa proporcionalmente mucho menos calor que la Tierra. El hallazgo sugiere que Venus se enfría de forma muy lenta e incluso podría experimentar un ligero calentamiento interno.
La investigación estuvo a cargo de científicos de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), la Universidad Rey Juan Carlos, la Universidad de Cádiz, la Technical University of Denmark y la University of Ottawa. El estudio presenta el primer mapa global del flujo de calor venusiano.
Venus está envuelto por una atmósfera de dióxido de carbono con una presión 90 veces superior a la terrestre. Esta condición genera un efecto invernadero desbocado con temperaturas superficiales cercanas a los 470 °C. Sin embargo, las diferencias entre ambos planetas no se limitan a la superficie. Las estructuras geológicas observadas muestran contrastes que apuntan a dinámicas internas distintas.
En la Tierra, la tectónica de placas domina la dinámica interna. La mayor parte del calor se libera en las dorsales oceánicas donde se crea nueva corteza. También influyen la circulación hidrotermal en el fondo marino y los puntos calientes como el que origina el archipiélago de Hawái.
El interior terrestre se enfría de manera eficiente gracias a ese mecanismo. El calor que escapa por la superficie es entre dos y tres veces superior al generado por la desintegración de elementos radiactivos en su interior. Esto implica una pérdida activa y sostenida de energía interna.
En el caso de Venus no existen mediciones directas del flujo de calor. Los científicos realizaron estimaciones a partir de las propiedades de la litosfera, la capa externa rígida del planeta. El comportamiento de las rocas depende de la temperatura, lo que permite calcular la cantidad de calor que se libera.
El nuevo trabajo superó estudios previos que solo analizaban regiones específicas. El mapa global permitió estimar la pérdida total de calor del planeta. Según el investigador Javier Ruiz Pérez de la UCM, los resultados indican que la pérdida total de calor de Venus es similar a la cantidad generada por la desintegración de elementos radiactivos en su interior.
Este dato implica que Venus se enfría muy lentamente o podría registrar un leve aumento de su temperatura interna. En comparación con la Tierra, el planeta vecino disipa proporcionalmente menos calor.
El patrón geográfico del flujo de calor en Venus es más homogéneo que en la Tierra. La ausencia de tectónica de placas activa explica esa diferencia. En la Tierra el calor se concentra en límites de placas definidos. En Venus la distribución es uniforme.
El estudio identificó zonas con valores elevados de flujo de calor asociadas a sistemas de rifts. En esas regiones la litosfera se separa en procesos similares a los que ocurren en la Tierra. Así lo explicó el investigador Alberto Jiménez Díaz de la Universidad Rey Juan Carlos.
El balance global de calor y su distribución geográfica evidencian que la dinámica interna de Venus difiere de manera profunda respecto a la terrestre. Aunque ambos planetas comparten tamaño y composición general, su evolución térmica siguió caminos distintos, según detalló la investigadora Isabel Egea González de la Universidad de Cádiz.
Estos resultados aportan información clave para comprender la historia geológica de Venus. También permiten analizar los procesos que influyen en la habitabilidad y evolución de los planetas rocosos, incluida la Tierra.
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