
Los vasos y termos de uso diario pueden convertirse en un foco de bacterias cuando la limpieza resulta insuficiente. Cada contacto con la boca transfiere microorganismos al interior y a las paredes del recipiente. Las manos poco limpias también aportan bacterias potencialmente patógenas como E. coli. Esta exposición eleva el riesgo de diarrea, vómitos o intoxicaciones alimentarias.
Las bebidas con azúcar, grasa o proteínas como jugos, té o café favorecen más la proliferación bacteriana que el agua sola. Los restos adheridos crean un entorno propicio para el crecimiento microbiano. Por esta razón, la higiene del vaso resulta clave para la salud.
El riesgo oculto de los vasos
Especialistas en microbiología advierten que recipientes con apariencia limpia acumulan bacterias cuando no reciben un lavado profundo. Los restos de líquidos y saliva forman una biopelícula. En esa superficie, los microorganismos se adhieren y se multiplican con facilidad.
Incluso el agua limpia que permanece varias horas dentro de un vaso desarrolla una alta carga microbiana. Investigadores de la Universidad de Henan, en China, documentaron que el conteo bacteriano pasó de 75.000 por mililitro a entre 1 y 2 millones en un lapso de 24 horas. El hallazgo subraya la necesidad de una limpieza frecuente.
Cómo limpiar el vaso correctamente
La recomendación general apunta a lavar el vaso después de cada uso. Cuando esto no resulta posible, conviene hacerlo al menos dos o tres veces por semana. La limpieza debe incluir interior, exterior, tapa, juntas y accesorios como pajillas.
La técnica más eficaz consiste en usar detergente, dejar el recipiente en remojo durante unos 10 minutos y enjuagar con agua caliente por encima de 60 °C. Las altas temperaturas ayudan a eliminar la biopelícula bacteriana. El enjuague solo con agua fría no elimina los microorganismos y facilita su rápida multiplicación.
Cuándo es hora de cambiar el vaso
Además del lavado, el estado del recipiente marca un factor determinante. Se aconseja reemplazarlo cuando presenta mal olor persistente, superficie interna áspera, rayones visibles, decoloración o sabor metálico. Estos signos indican acumulación de residuos y bacterias.
Aunque no existan daños visibles, diversos especialistas sugieren sustituir el vaso o termo cada seis a doce meses. Esta práctica reduce el riesgo de enfermedades asociadas a la contaminación bacteriana y mejora las condiciones de higiene en el uso cotidiano.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
