
Una ola de 19,7 metros, equivalente a un edificio de seis pisos, se convirtió en la mayor registrada por satélite en mar abierto. El fenómeno ocurrió durante la tormenta Eddie, en el Pacífico Norte, y fue detectado entre el 21 de diciembre de 2024 y el 6 de enero de 2025 por el satélite SWOT, una misión conjunta de la NASA y la agencia espacial francesa CNES.
La medición se realizó lejos de zonas costeras, en un punto del océano donde las boyas y embarcaciones rara vez logran recopilar datos con ese nivel de precisión.
El hallazgo permitió a científicos observar detalles inéditos sobre cómo los océanos transportan energía a escala planetaria.
El estudio fue liderado por el oceanógrafo Fabrice Ardhuin, del Laboratorio de Oceanografía Física y Espacial de Francia. La investigación se publicó en la revista científica estadounidense PNAS.
El satélite SWOT, sigla en inglés de Surface Water and Ocean Topography, tiene capacidad para crear mapas bidimensionales de la superficie oceánica. El sistema mide altura, longitud y dirección de las olas.
Según los investigadores, el dato validado fue una altura significativa de ola de 19,7 metros. Esa cifra representa el promedio de las olas más altas observadas durante un periodo específico.
Los científicos aclararon que los 35 metros mencionados en algunas estimaciones corresponden a crestas individuales que pudieron formarse dentro de la tormenta. Ese dato no figura como récord oficial del satélite.
Antes del SWOT, cerca de 15 satélites medían olas desde 1991. Ninguno había superado registros de 18,5 metros.
Los expertos señalaron que eso no significaba ausencia de olas mayores. El problema radicaba en la cobertura limitada de los satélites anteriores, que rara vez atravesaban el centro de tormentas extremas.
En el caso de Eddie, el SWOT cruzó el núcleo del sistema justo en el momento de mayor intensidad.
La tormenta Eddie fue un ciclón extratropical considerado uno de los más intensos de la última década en el Pacífico. El fenómeno causó muertes y daños desde Canadá hasta Perú.
El sistema también generó las olas gigantes asociadas con la reconocida competencia de surf Eddie, en Hawái, enfocada en condiciones extremas.
Los científicos también destacaron el alcance del fenómeno. Las olas generadas por la tormenta se transformaron después en mar de fondo, capaz de recorrer enormes distancias incluso tras la desaparición del temporal.
Las ondulaciones viajaron cerca de 24.000 kilómetros. Salieron del Pacífico Norte, atravesaron el Pasaje de Drake entre América del Sur y la Antártida y llegaron al Atlántico Tropical entre el 21 de diciembre del 2024 y el 6 de enero del 2025.
La investigación también permitió corregir modelos utilizados para calcular la energía de olas largas.
Los especialistas detectaron que los sistemas anteriores sobreestimaban hasta 20 veces la energía transportada por ese tipo de oleaje.
Con los datos directos del SWOT, los investigadores empezaron a desarrollar modelos más precisos. Las nuevas proyecciones consideran interacciones complejas entre olas cortas y largas.
La mejora puede aumentar la confiabilidad de las previsiones sobre olas extremas. El avance resulta clave para la seguridad marítima.
Olas de ese tamaño representan un riesgo directo para barcos cargueros, plataformas offshore, cables submarinos y puertos.
Los datos también podrían ayudar a modificar rutas marítimas durante tormentas y revisar estándares de ingeniería para infraestructura oceánica.
La Agencia Espacial Europea indicó que el mar de fondo funciona como un “mensajero” de tormentas. Aunque un sistema no toque tierra, su energía puede viajar miles de kilómetros y afectar costas lejanas.
La entidad recordó además que modelos climáticos señalaron olas de 23 metros durante la tormenta Hercules, en el Atlántico, en enero del 2014. Ese fenómeno provocó daños severos desde Marruecos hasta Irlanda.
Otra interrogante abierta entre los científicos es si megatormentas como Eddie se están volviendo más frecuentes o intensas debido al cambio climático.
La investigación analiza esa posible relación con cautela. Los expertos consideran que el calentamiento global podría influir, pero no sería el único factor.
El relieve submarino, las trayectorias de tormentas y las variaciones naturales del clima también afectan la formación de olas gigantes.
Los científicos sí señalaron que océanos más cálidos almacenan más energía y favorecen vientos capaces de generar oleajes extremos.
En ese escenario, el SWOT tendrá un papel clave durante los próximos años para comparar fenómenos y detectar cambios en la energía de las tormentas.
Más allá del récord, la ola de casi 20 metros mostró que parte de la fuerza de los océanos escapaba de las mediciones tradicionales.
Ahora, fenómenos antes invisibles en zonas remotas empiezan a convertirse en datos concretos para la ciencia, la navegación y la seguridad marítima.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
