
Una isla desconocida surgió ante los ojos de un equipo científico internacional en la Antártida. El hallazgo ocurrió durante una expedición a bordo del rompehielos Polarstern. La zona ya figuraba como peligrosa en cartas náuticas. Sin embargo, no existía confirmación visual ni registro detallado.
El descubrimiento se dio en el mar de Weddell, al noroeste del continente antártico. La misión inició el 8 de febrero de 2026 con 93 especialistas. El objetivo principal era estudiar corrientes oceánicas y el retroceso del hielo marino.
Durante condiciones climáticas adversas, el equipo buscó refugio cerca de la isla Joinville. En ese momento, observaron una formación que parecía un iceberg. Tras una inspección más cercana, identificaron que se trataba de roca sólida, no hielo.
El grupo decidió cambiar el rumbo del barco para acercarse. Los navegantes mantuvieron una distancia segura con al menos 50 metros de profundidad bajo la quilla. Lograron aproximarse hasta 150 metros. Luego rodearon la isla y realizaron mediciones del fondo marino con tecnología avanzada.
La isla mide unos 130 metros de largo y 50 metros de ancho. Su altura sobre el nivel del mar alcanza aproximadamente 16 metros. La dimensión supera la longitud del propio rompehielos Polarstern, que tiene 118 metros.
El equipo utilizó un dron para obtener imágenes aéreas. Los datos permitieron crear un modelo de elevación y definir con precisión la línea costera. Este fue el primer registro sistemático del lugar.
Los expertos señalaron una inconsistencia en las cartas náuticas. La isla figuraba como zona de peligro. No obstante, su ubicación estaba desplazada cerca de una milla náutica. Además, las imágenes satelitales dificultaban su identificación debido a la cobertura de hielo.
Actualmente, la isla no cuenta con nombre oficial. El siguiente paso consiste en completar el proceso internacional de denominación. Posteriormente, se actualizarán las cartas náuticas y bases de datos globales.
El hallazgo tiene relevancia para la cartografía submarina. En regiones con pocos datos, elementos como este pueden quedar fuera de los mapas. Esto afecta estudios del fondo marino y modelos oceánicos.
La expedición también analizó el comportamiento del hielo marino. Los científicos detectaron una disminución significativa desde 2017 en esa zona. El fenómeno se relaciona con el aumento de la temperatura superficial del agua.

El grosor del hielo mostró variaciones importantes. En áreas cercanas a la costa alcanzó hasta cuatro metros. En sectores más alejados, el espesor rondó un metro y medio.
Los investigadores observaron señales de derretimiento en la superficie. En varios casos, el hielo carecía de nieve y presentaba tonalidades azuladas o grises. También detectaron acumulaciones de agua dulce bajo el hielo.
Este fenómeno influye en la dinámica biológica y térmica del ecosistema. El agua dulce limita el contacto entre el calor oceánico y el hielo marino.