EFE
México D.F. El Gran Telescopio Milimétrico (GTM), cuya construcción se ultima en el estado mexicano de Puebla, comenzará a ser probado a partir de julio en busca de cuerpos celestes que se formaron hace millones de años.
Los investigadores estiman que este período se prolongará hasta el 2008 y esperan resultados científicos desde el mismo momento en que comience su actividad, informó el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (Inaoe).
La vida útil de este proyecto, de factura compartida entre el Inaoe y la Universidad de Massachusetts Amherts (EE. UU.), se extenderá entre 30 y 40 años.
Nacimiento de estrellas. El telescopio estará dotado para recibir microondas cuya frecuencia oscile entre los 0,8 y los 4 milímetros, una banda muy susceptible de registrar partículas de depósitos de silicatos y otros elementos pesados, que los astrofísicos llaman polvo estelar.
Este polvo, que se halla muy presente en la formación de estrellas y galaxias, absorbe las frecuencias visibles de luz, lo que dificulta observar directamente el nacimiento de los cuerpos celestes.
Sin embargo, dicho polvo vuelve a emitir la luz robada en forma de ondas milimétricas, que pueden ser captadas por telescopios como el GTM.
Las emisiones así recogidas permitirán determinar con exactitud las características físicas de aquellos núcleos en que cobran forma las estructuras del universo, llamados nubes moleculares.
"Si existen, el telescopio nos permitirá estudiar galaxias polvorientas desde 300.000 años después del Big Bang hasta nuestros días", dijo Itziar Aretxaga, una de las astrónomas que participa en el proyecto por el Inaoe.
Gran exactitud. El aparato debe la etiqueta de "telescopio milimétrico más potente del mundo" a su capacidad cartográfica, 100 veces superior a la del telescopio más tecnológicamente avanzado a hoy, localizado en Mauna Kea en Hawai, Estados Unidos.
Las recientes pruebas realizadas en el ingenio con las cámaras del GTM han podido reproducir, en apenas dos meses y a la misma profundidad, campos que había costado mapear casi cuatro años.
El diseño del GTM cuidó hasta el extremo el que su movimiento reproduzca la rotación terráquea y no se vea alterado por ninguna otra fuerza física, para asegurar la precisión, explicó César Arteaga, físico de la UMass Amherst.
Este nuevo vigía de los cielos se alza a 4.580 metros de altitud, en lo más alto del volcán extinguido de Sierra Negra, unos 250 kilómetros al sureste de Ciudad de México. El costo total del telescopio será de unos $20 millones.