Rigoberta Menchú Tum es una indígena maya que nació en Chimel, pequeña aldea de las montañas del Quiché guatemalteco, el 9 de enero de 1959.
Empezó a trabajar en una finca de café a los cinco años. Ella nunca recibió educación formal, pero es una líder que defiende a los indígenas.
A los 19 años comenzó a militar en el Comité de Unidad Campesina, mientras el ejército nacional llevaba a cabo una "limpieza" contra la población sospechosa de ser del bando opositor.
Su hermano menor fue secuestrado y asesinado por el ejército. Su padre fue quemado vivo junto con otros 29 ocupantes de la embajada de España (1980) y, unos meses después, ante sus ojos, su madre también murió torturada.
Menchú salió de su país a los 21 años y se refugió en Chiapas, México. Desde allí inició una serie de viajes hacia Ginebra. Por varios años, Menchú estuvo exiliada y participó en el grupo de trabajo de Naciones Unidas sobre poblaciones indígenas en desventaja.
Regresó a Guatemala en 1988 y fue encarcelada. Huyó de nuevo y siguió luchando, perfeccionó su español y escribió el libro: Yo, Rigoberta Menchú.
Su esfuerzo le valió en 1992 el premio Nobel de la Paz y desde entonces consagró su vida a actividades en favor de los derechos humanos. "Mientras yo viva, el Nobel que recibí tendrá un sentido", asegura siempre que puede.
"El tesoro más grande que tengo en la vida es la capacidad de soñar. En los momentos más difíciles y en las situaciones más duras, he sido capaz de soñar con un futuro más hermoso", es el lema de Rigoberta Menchú.