Silvia Artavia. 18 febrero
Una colonia de 80 de estos mamíferos apareció debajo de un bungalow del hotel Selva Verde Lodge. Estas estructuras se ubican sobre pilotes de madera. Foto: Bernal Rodríguez para LN.
Una colonia de 80 de estos mamíferos apareció debajo de un bungalow del hotel Selva Verde Lodge. Estas estructuras se ubican sobre pilotes de madera. Foto: Bernal Rodríguez para LN.

El hotel Selva Verde Lodge, en Chilamate de Sarapiquí, Heredia, cuenta con peculiares huéspedes: una colonia de murciélagos de la especie Furipterus horrens, ejemplares que no se veían en el país desde hace 45 años y que, incluso, son poco abundantes en el mundo.

Los nuevos inquilinos anidaron debajo de una de las habitaciones tipo bungalow –construida sobre pilotes de madera– con las que cuenta ese centro turístico y, producto de eso, los propietarios decidieron no alquilar más ese recinto a clientes, para no perturbar a los actuales “ocupantes”.

Se trata de 80 individuos de una especie que Bernal Rodríguez, profesor de la Escuela de Biología de la Universidad de Costa Rica (UCR), cataloga como extraña.

“Esta reaparición es una gran noticia porque es una especie que, posiblemente, íbamos a declarar como desaparecida en el país. Es extraña en toda su distribución; en ninguna parte del mundo es abundante. Es rara y poco conocida”, aseguró el experto.

Tanto él como otros biólogos fueron contactados por los propietarios del hotel luego del hallazgo de los murciélagos, para que confirmaran el tipo de especie de la que se trataba.

“Uno de los colaboradores de Selva Verde había trabajado con murciélagos conmigo y con otra investigadora, entonces fue él quien los vio… Es una especie fácil de identificar porque el ala les cubre parte del dedo gordo, que es el dedo que tienen libre en las alas los murciélagos”, contó Rodríguez.

La especie Furipterus horrens se caracteriza por ser muy pequeña, alimentarse de insectos y tener gran capacidad para esquivar obstáculos. Foto: David Villalobos para LN.
La especie Furipterus horrens se caracteriza por ser muy pequeña, alimentarse de insectos y tener gran capacidad para esquivar obstáculos. Foto: David Villalobos para LN.
Nuevo hábitat

Estos mamíferos, pertenecientes a la familia Furipteridae, comen insectos durante el vuelo, son muy pequeños y tienen gran habilidad para detectar obstáculos.

Se distribuyen desde Nicaragua hasta Brasil. En ese país suramericano, en cuevas del bosque seco de un lugar llamado Sacatinga, el costarricense también realiza investigaciones con murciélagos.

Por eso, aseguró, el hecho de que estos animales hayan anidado en una edificación humana resulta sorprendente, pues siempre lo hacen en troncos huecos y en cuevas.

“Como es una especie tan rara, hay muy poca información sobre esta. No se puede determinar que llegaron ahí por la temperatura o por la luz. De hecho, parte de la investigación que vamos a empezar implicará hacer la descripción del refugio, las condiciones ambientales, cuánta luz hay, cómo varía la temperatura a lo largo del día, porque para ellos es muy importante la temperatura del refugio”, añadió Rodríguez.

Un redescubrimiento

Según el experto, la primera vez que estos especímenes fueron vistos en Costa Rica fue en 1973. Richard LaVal, un norteamericano quien dedicó su vida al estudio de estos animales, los halló en la Estación Biológica La Selva, también en Sarapiquí de Heredia.

La colonia de 60 individuos encontrada en aquel momento, apareció tan solo a unos kilómetros del hotel donde se reportó el nuevo hallazgo.

“Solo en esa ocasión se habían observado; luego desaparecieron. Y a pesar de todos los trabajos que hemos realizado en Sarapiquí, tanto en La Selva como en la Reserva Biológica Tirimbina, y en todo el país, no se habían vuelto a registrar. De hecho, ya la especie la habían buscado aquí, porque hay gente que viene a hacer estudios, pero no había aparecido”, aseveró el especialista.

En el mundo existen más de 1.200 especies de murciélagos, 115 de las cuales es posible encontrar en Costa Rica. Es decir, que casi el 10% de murciélagos del orbe habita en nuestro país. Foto: David Villalobos para LN.
En el mundo existen más de 1.200 especies de murciélagos, 115 de las cuales es posible encontrar en Costa Rica. Es decir, que casi el 10% de murciélagos del orbe habita en nuestro país. Foto: David Villalobos para LN.

De ahí la importancia de que los habitantes estén sensibilizados con la conservación de especies, pues, como ha ocurrido en este caso, la apertura del personal de Selva Verde Lodge ha resultado fundamental para empezar a investigar a estos murciélagos, consideró Rodríguez.

Actualmente, los biólogos David Villalobos, Willy Pineda y José Ivan Castillo trabajan en una publicación científica sobre el hallazgo.

Aliados del ser humano

Los murciélagos son el único grupo de mamíferos que vuela. Tienen pelo y se alimentan de leche. Estos constituyen el segundo grupo de mamíferos más diverso del mundo, después de los roedores.

Unos comen peces; otros, insectos, ranas, ratones o arañas, pero también pueden alimentarse de frutos o del néctar de las flores.

Mundialmente, existen más de 1.200 especies de estos animales; en Costa Rica, 115. Es decir, que casi el 10% de murciélagos del orbe habita en nuestro país.

Dos de las especies más conocidas en el país son la Artibeus jamaicensis, que es posible observar en parques de San José, y la Glossophaga soricina, que se nutre de néctar y, por eso, algunos de sus ejemplares llegan a los jardines de las casas.

Los murciélagos desempeñan destacados roles en el ecosistema que traen beneficios al ser humano.

Al alimentarse del néctar, visitan las flores y, en ese trayecto, polinizan otras. Es decir, son fundamentales en el ciclo reproductivo de las plantas, muchas de uso cotidiano como las maderables. Por ejemplo, la cedro maría (Calophyllum brasiliense).

Una de las particularidades de los individuos de la especie Furipterus horrens es que el ala les cubre parte del dedo gordo. Foto: Bernal Rodríguez para LN.
Una de las particularidades de los individuos de la especie Furipterus horrens es que el ala les cubre parte del dedo gordo. Foto: Bernal Rodríguez para LN.

Son claves en la dispersión de semillas. Cuando comen frutos, estas caen al suelo y crecen nuevas poblaciones de dichos productos.

Asimismo, como consumen insectos, son indispensables en el control de plagas, sobre todo para la agricultura.