Lucía Astorga. 30 junio
Paneles solares colocados en uno de los edificios de la reserva privada, ubicada en la provincia de Heredia. Foto: Cortesía de Carlos Luis de la Rosa, director de La Selva
Paneles solares colocados en uno de los edificios de la reserva privada, ubicada en la provincia de Heredia. Foto: Cortesía de Carlos Luis de la Rosa, director de La Selva

"Vamos a bajar nuestra huella ecológica tanto que no vamos a ser carbono neutrales, no me gusta eso, yo quiero ser carbono negativo, eso quiere decir que yo no estoy produciendo carbono para el ambiente, sino que estoy capturándolo con el bosque".

Así de claro es Carlos Luis de la Rosa al hablar sobre la colocación de paneles solares en los edificios de la estación biológica La Selva, ubicada en Sarapiquí de Heredia, como parte de los proyectos que realiza la reserva privada para impulsar el uso de las energías limpias.

La iniciativa es tanto un tema de conciencia ambiental, como de beneficio económico para el centro de estudios, ya que el consumo de energía representa el 25% de los costos operativos de La Selva, sin contar salarios, lo que significa unos $100.000 anuales (más de ¢56.000.000).

Actualmente se encuentran en una segunda etapa que consiste en la instalación de 126 paneles solares, que se sumarían a los 183 que ya estaban en operación. La meta es llegar a 930 de estas placas fotovoltaicas, explicó Charles Acuña, administrador de la reserva.

De alcanzar el objetivo, La Selva se convertiría en la primer estación biológica latinoamericana en operar 100% con energía solar, aseguró de la Rosa.

Según los estudios que han realizado, el 60% del consumo energía se da en horas del día mientras que el 40% durante la noche, por lo que deben ser capaces de cubrir también la demanda nocturna.

Para Acuña esta es una inversión que fácilmente recuperarán con el paso del tiempo, especialmente al considerar que los paneles instalados tienen una garantía de 30 años pero cuya vida útil se puede extender por hasta 40 años.

La colocación de los paneles forma parte de un proceso integral que ha desarrollado la estación en los últimos años, para disminuir el impacto que tienen las actividades humanas en el ecosistema en el que están inmersos.

"Como no hemos tenido suficientes recursos para hacer un plan más inmediato, hemos venido haciendo otras cosas, como por ejemplo cambiar los bombillos incandescentes por otros más eficientes y remodelaciones en edificios. Es un proceso que ha tomado muchos años", dijo Acuña.

Parte de estas labores incluye la intervención en 2011 de uno de los edificios más antiguos de la estación. Al ser de madera, este tuvo que ser forrado para que no se diera una pérdida de energía por el uso del aire acondicionado.

De acuerdo con Acuña, muchas de las edificaciones datan de hace 50 años, desde que comenzó a operar la estación bajo la tutela de la Organización de Estudios Tropicales (OET), así como algunos de los equipos, por lo que la renovación ha sido un factor clave.

La concientización de los 65 funcionarios de la estación biológica, ha sido otra de las apuestas medulares del proyecto. Con ellos se enfatiza en la necesidad de apagar las luces, abanicos y aires acondicionados.