Silvia Artavia. 19 febrero
El Sindicato de Trabajadores del Minae (Sitraminae), convocó a los guardaparques del país a una manifestación este lunes en el Parque Nacional. Ellos piden más seguridad y mejores equipos para trabajar en los parques nacionales y áreas silvestres protegidas. Foto: Rafael Murillo.
El Sindicato de Trabajadores del Minae (Sitraminae), convocó a los guardaparques del país a una manifestación este lunes en el Parque Nacional. Ellos piden más seguridad y mejores equipos para trabajar en los parques nacionales y áreas silvestres protegidas. Foto: Rafael Murillo.

Equipo básico para trabajar como carros y lanchas, así como armas para defenderse de los cazadores furtivos y hasta de los narcotraficantes, son algunas de las peticiones de un grupo de guardaparques que se reunió la mañana de este lunes en el Parque Nacional, en San José.

Ellos pedían al Gobierno que vuelva la mirada a sus zonas de trabajo: las áreas silvestres protegidas, entre las que se encuentran los parques nacionales.

El grupo esperaba reunir a más de 100 personas para ir a manifestarse frente a los edificios del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac), en barrio Tournón, y del Ministerio de Ambiente y Energía (Minae), en San José.

Roberto Molina, secretario adjunto del Sindicato de Trabajadores de Minae (Sitraminae), dijo que es urgente que se les provean condiciones más seguras para ejercer su labor.

“En la noche no se puede andar con focos encendidos, porque lo ven a uno los cazadores furtivos. Lo que hacemos es caminar a oscuras. Necesitamos armas para defendernos, porque ellos andan con armas 9 milímetros y AK47… Y los narcotraficantes andan por tierra y en lanchas rápidas y nosotros, muchas veces, no tenemos cómo movernos”, comentó el dirigente.

Según Molina, además, carecen de implementos básicos como uniformes adecuados para zonas costeras y montañosas –porque todos son iguales–, suero antiofídico cuando les toca sortear una mordedura de culebra, salveques y calzado apropiado para andar en el bosque y hasta en humedales.

Otra de las peticiones del gremio es tener mejores condiciones habitacionales, pues, según dicen, muchos viven en “tugurios”, sin electricidad ni agua potable.

“El tema de nosotros no es económico. Eso cae por su propio peso. Nosotros lo que estamos alegando es que se rescate a los guardaparques, que estamos abandonados, y que rescatemos los parques nacionales, que le generan más de ¢32.000 millones al Estado en visitación”, aseveró el dirigente.

Falta de personal

El gran problema, coincidieron los asistentes a la manifestación, es la escasez de guardaparques.

Aunque no se cuenta con una cifra oficial con respecto a la cantidad de efectivos de esa índole, Miriam Valerio, jefa del departamento de recursos humanos del Sinac, dijo que hay 500 plazas destacadas para labores de control y protección en las áreas silvestres protegidas.

Estas incluyen desde guardaparques hasta conserjes, y el número varía por distintos motivos; por ejemplo, debido a quienes se encuentren en vacaciones, por las personas que se pensionan y cuyas plazas no se han repuesto, entre otros.

Por su parte, el Sindicato de Trabajadores del Minae (Sitraminae) asegura que, actualmente, el país cuenta con 326 guardaparques para vigilar todas las áreas silvestres protegidas.

Según el Sinac, las 165 áreas protegidas que hay en el país, incluidos los parques nacionales, suman un total de 1.355.289 hectáreas (unas 4.000 hectáreas por guardaparque, de acuerdo con la cifra de Sitraminae).

Eduardo Carrillo, investigador del Instituto Internacional de Manejo de Vida Silvestre de la Universidad Nacional (UNA), fue otro de los asistentes a la marcha.

“Vengo como un científico que ha trabajado muchos años en las áreas protegidas y con vida silvestre, que nota el deterioro de estas y que está muy preocupado por lo que está pasando. Cada vez hay menos guardaparques. No se reponen las plazas de los que se pensionan, e incluso, hay áreas protegidas que no tienen guardaparques”, aseguró el experto.

Según comentó, es necesario que el país sea “consecuente” con la imagen amigable con el ambiente que proyecta ante el mundo.

“No podemos descuidar la protección de lo que queda, y eso es teniendo más guardaparques, más equipados, con mejores condiciones para vivir… Por ejemplo, los oreros de Corcovado; todo el mundo sabe que están ahí pero nadie quiere hablar de eso”, afirmó.

Asimismo, Carrillo enfatizó que Costa Rica está perdiendo los recursos muy rápidamente, producto de la cacería ilegal.

“Habrá un momento en que los turistas se van a dar cuenta de que lo que estamos vendiendo es humo… Estamos viendo el síndrome del bosque vacío. Eso quiere decir que tenemos una gran cobertura de bosques, pero los animales se están terminando, básicamente, por la cacería”, concluyó.

El Parque Nacional Corcovado, en la Península de Osa, es una de las áreas silvestres protegidas que más sufre por actividades como la orería, la cacería y la tala ilegal. Foto: Marvin Caravaca.
El Parque Nacional Corcovado, en la Península de Osa, es una de las áreas silvestres protegidas que más sufre por actividades como la orería, la cacería y la tala ilegal. Foto: Marvin Caravaca.
Incentivos estatales

Mediante un comunicado de prensa, el Sinac informó que a partir de la segunda quincena de febrero de este 2018, se les reconocerá a los guardaparques el rubro por disponibilidad en su jornada laboral, que no se les había retribuido en el pasado.

Este implica un incremento del 25% sobre su salario base. Por ejemplo, un guardaparques con la categoría de oficial del servicio civil 1 (que devenga el salario más bajo en el gremio) tiene un sueldo de ¢331.800, al cual hay que sumarle otros pagos como años de antigüedad, desarraigo y zonaje. Con el aumento por disponibilidad, que sería de ¢82.950 en este caso, ganará alrededor de ¢712.272.

Asimismo, la entidad estatal dijo que, desde el 2014 a la fecha, ha invertido ¢19.000 millones en infraestructura para mejorar las condiciones de las áreas protegidas.

Además, dictó el comunicado, con el propósito de profesionalizar a los guardaparques, en el 2015 dio inicio el diplomado en Manejo de Áreas Silvestres Protegidas, en conjunto con la UNA.

Con una inversión de ¢36,4 millones, esta iniciativa tuvo los primeros 29 graduados el año anterior, y este 2018 tendrá 20 más.