Lucía Astorga. 10 noviembre
El dispositivo está hecho de tubos de PVC, botellas plásticas, metal y algunas partes, como la cabeza, fueron hechas por medio de impresión 3D. Foto: Lucía Astorga
El dispositivo está hecho de tubos de PVC, botellas plásticas, metal y algunas partes, como la cabeza, fueron hechas por medio de impresión 3D. Foto: Lucía Astorga

Liberia. Una tortuga muy particular cobró vida esta semana en Liberia, Guanacaste. Nació en tierra firme, pero no porque saliera de un huevo enterrado en la arena, como ocurre en la naturaleza.

El surgimiento de este nuevo espécimen es producto de la imaginación de un joven brasileño preocupado por la salud del planeta: Ricardo Guimarães.

Se trata de un dron que mide la presencia de microplásticos en el mar. Su diseño simula la silueta de una tortuga verdadera, con su respectivo caparazón, cabeza y aletas; eso sí, hechos a partir de metal y plástico reciclado.

¿En qué consiste?
El diseño es bastante simple y toda la información de cómo crearlo será de acceso público para que pueda ser replicado. Foto: Lucía Astorga
El diseño es bastante simple y toda la información de cómo crearlo será de acceso público para que pueda ser replicado. Foto: Lucía Astorga

‘Tortuga guardián’, como se llama el proyecto, se asienta en un hexágono creado con tubos de PVC y seis botellas de plástico, para darle flotabilidad.

Adentro del caparazón, cuenta con una bomba de agua que permite captar muestras del líquido, que se evalúan por medio de sensores de luz infrarroja, para determinar la presencia de microplásticos.

La tortuga está equipada con dos pequeños motores que hacen el cambio de agua interno; cada 15 minutos se realiza una nueva medida.

El dron busca convertirse en una alternativa económica para investigar la presencia de microplásticos en el mar. Foto: Tortuga guardián
El dron busca convertirse en una alternativa económica para investigar la presencia de microplásticos en el mar. Foto: Tortuga guardián

Otros sensores, colocados a lo interno de la cabeza del animal robótico, se encargan de medir la acidez del agua, temperatura y turbidez. Estos datos podrían también ser importantes para evaluar la calidad de los ecosistemas marinos para la fauna.

La información se transfiere a la costa por medio de radiofrecuencia, con una distancia de 200 metros entre la tortuga y el punto de recepción.

El dron es un prototipo que desde hace mucho tiempo merodeaba por la cabeza de Guimarães y que en un periodo de 12 días finalmente logró convertirse en algo un poco más concreto.

(Video) Crean dron en forma de tortuga para combatir los microplásticos

Soluciones ciudadanas
El prototipo fue desarrollado de un periodo de 12 días; incluyendo su elaboración y el desarrollo de pruebas como flotabilidad. Foto: Tortuga guardián
El prototipo fue desarrollado de un periodo de 12 días; incluyendo su elaboración y el desarrollo de pruebas como flotabilidad. Foto: Tortuga guardián

‘Tortuga guardián’ fue uno de los 10 proyectos desarrollados durante el 6º Laboratorio de Innovación Ciudadana (LABIC), organizado por el proyecto Innovación Ciudadana de la Secretaria General Iberoamericana (Segib), que se realizó en el campus de la Universidad Earth, del 29 de octubre al 10 de noviembre.

Los LABIC consisten en todo un proceso que permite a la ciudadanía avanzar en la concreción de soluciones innovadoras a problemáticas reales, este año el énfasis estuvo en el cambio climático.

En el proceso, las personas cuentan con la ayuda de expertos colaboradores, interesados en participar directamente del desarrollo de los proyectos.

Así es como Guimarães logró trasladar su idea a la realidad, con la guía de personas con conocimientos técnicos como en electrónica, programación y otras áreas.

Inspiración biológica

La selección de basar el proyecto en una tortuga no es casualidad. Según explicó el brasileño, al usar el diseño original de la biología, se logra que el proyecto sea menos costoso y más eficiente, porque aprovecha la inteligencia de la naturaleza.

En cambio, un modelo artificial, que no simule la biología, tendría más desgaste y sería más complicado de desarrollar.

“No es costoso, estamos gastando cerca de $350 para toda la parte de crear la tortuga y los receptores en la costa”, asegura el brasileño.

El mantenimiento requerido sería algo básico, principalmente relacionado con su limpieza una vez al mes. No requiere ser operada por control remoto, la idea es que flote sola como una boya.

Potencial

Aún queda mucho trabajo por hacer para finalizar el diseño del prototipo de ‘Tortuga guardián’, pero eso no detiene a Guimarães de seguir soñando. En un futuro le gustaría que el robot sea sumergible, para también medir la presencia de microplásticos en los fondos marinos.

Asimismo, espera llegar a contar con más de estas tortugas, para que se comuniquen entre sí y de esta forma crear una red de información. Estimaciones iniciales indican que podrían estar a una distancia de 300 metros.

Otro elemento que necesitan perfeccionar es la toma de muestras del agua, ya que entre más robusta sea su base de datos, podrán preparar mejor a los sistemas para diferenciar entre plásticos y microorganismos.

Todo el proceso de creación ha sido documentado paso a paso, usando materiales que se pueden encontrar en cualquier parte, como una ferretería.

La colaboración que promueven los LABIC no se limita a la producción de los proyectos, la idea es que las iniciativas se puedan replicar, de ahí que cada paso sea documentado, cada parte que se diseña y la información que se genera.

Justamente, parte de la idea de ‘Tortuga guardián’ es que los datos recabados sean aprovechados por organizaciones, investigadores o a quien interese seguir la pista de los microplásticos.