Lucía Astorga. 19 junio, 2018
Aves como las palomas pueden confundir los trozos de chicle tirados en la calle con alimento y sufrir serias afectaciones que les pueden provocar la muerte. Foto: Shutterstock
Aves como las palomas pueden confundir los trozos de chicle tirados en la calle con alimento y sufrir serias afectaciones que les pueden provocar la muerte. Foto: Shutterstock

El lanzar los chicles a la calle no es solo una forma de contaminar los espacios urbanos, sino que también, puede poner en riesgo la vida de las aves pequeñas que llegan a ingerir estos productos al confundirlos con alimento.

Algunos de estos animales cuentan con un tracto digestivo muy pequeño y al ser un material difícil de digerir, podría ocasionar una obstrucción mecánica en la zona del intestino y la posterior acumulación de toxinas en el organismo, debido a la imposibilidad de defecar.

En ciertos casos, puede desencadenar en una ruptura de intestinos y sucesivas infecciones que les provocarían la muerte.

Esto le podría suceder a las palomas, yigüirros o zanates, especies que usualmente buscan comer semillas, insectos, pero a nivel de piso, donde muchas personas tiran los chicles después de masticarlos.

Según explicó la médica veterinaria del Zoo Ave, Karla Barrantes, las aves pueden ser atraídas por la forma del material, ya que para ellas, un trozo de chicle puede ser muy similar a una miga de pan o alguna semilla. Mientras que el olor juega un papel menos preponderante.

Otro posible escenario es que los padres lleven a sus crías estos productos, para así alimentarlos, principalmente cuando se encuentran en una edad juvenil.

"Hay un periodo cuando están en el nido, en el que prácticamente lo que comen es una papilla, que los papás hacen para que ellos la digieran mejor y cuando ya están un poco más juveniles, cuando están saliendo del nido para volar y comer, ahí sí podría haber un accidente si les llevan un alimento que no es el idóneo", afirmó Barrantes.

La experta negó que los picos de las aves se queden pegados por culpa de los chicles y que por esa razón mueran asfixiados, como muchos podrían pensar. Según ella, nunca han atenido un caso de esos.

Pronóstico reservado

La veterinaria del Zoo Ave explicó que el daño que puede provocar la ingesta de chicles, va a depender del tamaño del ave y del grosor de su tracto digestivo, así como de la zona en la que se genere la obstrucción.

Por ejemplo, si el problema se presenta muy cerca de la cloaca (cavidad abierta al exterior, para la expulsión de desechos), el animal tiene mejor pronóstico, ya que la salida es más corta.

Pero si el objeto extraño llega al tracto digestivo superior, hay más posibilidades de obstrucción y que nada de lo que consuma pueda avanzar.

"Usualmente cuando llegan animalitos así con algún tipo de obstrucción, independientemente de la causa, se dan purgantes que son ablandantes para ayudar a liberar lo que está generando el tapón", relató Barrantes.

Sin embargo, cuando llegan, generalmente lo hacen mal, entonce el pronóstico que tienen es bastante reservado y a pesar de los tratamientos suelen fallecer, dijo.

Iniciativas internacionales

El peligro que sufren las aves por el consumo de chicles es un asunto que traspasa fronteras. Por ejemplo, el problema llamó recientemente la atención de la policía de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, que aprovechó el uso de sus redes sociales para advertir a los ciudadanos sobre las consecuencias de lanzar gomas de mascar en las calles.

"Las aves de la ciudad atraídos por el olor dulce del chicle comen los restos tirados en cualquier lugar", escribieron el 25 de mayo en su cuenta de Twitter.

Además, pidieron a los residentes del lugar, envolver "el chicle antes de tirarlo: por civismo, higiene y prevención".

Por su parte, el Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la ciudad de Buenos Aires, realizó una limpieza en agosto del año pasado para remover 90 mil chicles de una zona conocida como peatonal Florida.

El peligro que sufren las aves al consumir estos productos, fue uno de los aspectos contemplados para justificar la medida.

Difícil degradación

En la mayoría de los casos, los chicles son polímeros artificiales elaborados a partir de derivados del petróleo, por lo que no se degradan fácilmente en el medio ambiente. Sin embargo, también pueden hacerse con una base natural, según explicó José Leitón, de la Escuela de Química de la Universidad de Costa Rica (UCR).

El problema que enfrentan estas formas de producción más orgánicas y antiguas, es que tienen un alto costo y no se cuenta con un suministro estable de materia prima para sostenerlas.

Esto debido al gran volumen de goma de mascar que se fabrica, lo que requeriría, por ejemplo, una gran cantidad de árboles de chicle para que sean desangrados y así obtener la savia que permita elaborar el producto.

De acuerdo con Leitón, el problema más serio que enfrentan actualmente las ciudades con los chicles, es la elevada inversión que deben hacer las autoridades para removerlos de las calles, edificios y de otras estructuras urbanas.

Esto fue justamente lo que motivó a que Singapur prohibiera desde el año 1992, el consumo de chicles tanto a nacionales como extranjeros. Exceptuando los casos en que sea necesario por recomendación de un médico o dentista.