
Con su cuchilla y su talento, el escultor costarricense Mario Parra ha dado nueva vitalidad a las cortezas del árbol jobo guanacasteco. Su exposición, Cortezas de árbol , presenta 46 esculturas que abordan la temática femenina y muestran a personas en diversos oficios, como un pescador o un recolector. Todas las piezas dan pie a la crítica social.
“Trato de no acabar las obras al máximo, sino de darle opción a quien las ve de descubrir en ellas cosas nuevas”, asegura.
De ahí el juego entre las “cortezas” y la denuncia de la “superficialidad” a partir de figuras atrapadas y de vestidos sin cuerpo. “Critico a esa cultura que propone a la mujer como un envoltorio”, dice el artista de 57 años.
Al ser consultado sobre el pequeño tamaño de sus obras, Parra afirma: “La cultura del costarricense es menos arrogante, menos pretenciosa (que otras)”.
La dimensión de las esculturas no es novedad en la trayectoria artística de Parra: en el 2003 presentó su colección de miniaturas en tiza.
Ahora, estas cortezas de jobo, a las que el creador añade mucho más que textura, retoman la pequeña escala. “Costa Rica no es mármol y tampoco es piedra. Costa Rica es tropical”, dice sobre la pertinencia de la madera.
Otra de las críticas de Parra reside en la tendencia de muchos artistas a contribuir con la diferencia de clases debido a los exorbitantes precios de sus obras.
“El arte se está destinando cada vez más a la clase alta; pero también las clases medias tienen derecho a adquirir arte”, opina el artista, cuyas obras cuestan entre ¢125.000 y ¢150.000.
La exposición –de entrada gratuita– estará abierta hasta el 7 de mayo en la galería Sofía Wanamaker, del Centro Cultural Costarricense Norteamericano, en Barrio Dent.