
Un cambio en la alimentación durante apenas cuatro semanas modificó indicadores fisiológicos asociados con el envejecimiento en personas adultas mayores. Esa fue la principal observación de un estudio publicado en la revista Aging Cell por investigadores de la Universidad de Sídney y el Charles Perkins Centre.
La investigación analizó a 104 personas entre los 65 y 75 años que participaron en un ensayo clínico controlado. Los participantes siguieron una de cuatro dietas diseñadas por los investigadores: una dieta omnívora alta en grasa, una omnívora alta en carbohidratos, una semi vegetariana alta en grasa y una semi vegetariana alta en carbohidratos. Durante el estudio, toda la comida fue entregada directamente a cada participante.
El equipo utilizó un sistema conocido como Klemera-Doubal Method (KDM), un cálculo que combina distintos biomarcadores sanguíneos y clínicos para estimar cómo se comporta el organismo en relación con la edad cronológica. En vez de medir únicamente los años cumplidos, este método intenta reflejar el estado fisiológico general del cuerpo.
Los investigadores compararon la llamada “δAge”, una diferencia entre la edad cronológica y la edad fisiológica calculada por el algoritmo. Cuando ese valor es positivo, el perfil fisiológico se asemeja al de una persona de mayor edad. Cuando es negativo, el organismo presenta características consideradas más favorables para la edad del participante.
El grupo que siguió la dieta omnívora alta en grasa, la más parecida a la alimentación habitual de los participantes, prácticamente no mostró cambios. En contraste, quienes siguieron una dieta omnívora alta en carbohidratos presentaron una reducción significativa en la δAge. Los grupos semi vegetarianos también registraron disminuciones similares, aunque algunas no alcanzaron significancia estadística.
El estudio señala que dietas con más carbohidratos y menor proporción de grasa ya habían sido relacionadas en investigaciones anteriores con mejoras metabólicas y mayor longevidad en modelos animales y humanos. También menciona que proteínas de origen vegetal suelen asociarse con perfiles inflamatorios más favorables que los observados en dietas ricas en proteína animal.
Sin embargo, los autores advierten que estos cambios no deben interpretarse automáticamente como un “rejuvenecimiento” biológico. Según el artículo, las variaciones observadas podrían reflejar respuestas fisiológicas temporales del organismo frente a cambios en la alimentación y no necesariamente modificaciones permanentes en el proceso de envejecimiento.
Por esa razón, los investigadores consideran necesarios estudios de mayor duración para determinar si estas alteraciones en biomarcadores realmente se traducen en menor riesgo de enfermedades relacionadas con la edad o en cambios sostenidos en la salud a largo plazo.
