Consumir moluscos sin limón, no compartir la carne obtenida durante la cacería con una mujer embarazada por temor a consecuencias nefastas, y vestirse de morado para las fiestas fueron algunas costumbres de los primeros pobladores de Guanacaste.
Así lo reveló el libro Al reencuentro de los ancestros. Mwaing daamalut. Kokapoijmi , presentado ayer por la arqueóloga Anayensy Herrera, en el Museo Nacional de Costa Rica.
Esta obra es producto de una investigación arqueológica y antropológica de 10 meses que revela las creencias religiosas, la forma de comercio, el arte y la creatividad, así como los mecanismos de producción agrícola, de pesca, de cacería, alfarería y de tintes, que utilizaban los ancestros de los guanacastecos.
Además permite conocer lo que los antepasados heredaron a los costarricenses: lo que se perdió y lo que aún se conserva de ellos.
Aunque la arqueóloga Herrera no nació en Guanacaste, los siete años que tiene de vivir en esa provincia le permitieron enamorarse del lugar y plasmar en su publicación sus orígenes.
Su interés es brindar al público información actualizada de los antepasados de la sociedad guanacasteca. Pues tal y como lo señala en una reseña que escribió del libro, "toda sociedad merece conocer su historia". "Guanacaste nos heredó mucho y debemos sentirnos orgullosos de ello", afirmó .
De los tintes y otras costumbres. Entre otros aspectos, la obra describe que uno de los productos más cotizados para teñir, además de las especies vegetales, eran los caracoles marinos.
Esta técnica consistía en despegar los caracoles de la roca, sacudirlos para eliminar el agua y soplar hasta que el animal soltara una sustancia lechosa, que era aprovechada por el artesano para colorear de morado el algodón.
La presentación del libro fue acompañada con un espectáculo de 30 jóvenes de Liberia, Nicoya, Santa Cruz y Carrillo. Hubo danza, canto y teatro, bajo la dirección de la a folclorista nacional Guadalupe Urbina.