El artista costarricense Hernán Arévalo descubrió en el grabado en madera el medio ideal para expresar un mundo personal colmado de imágenes que desde siempre revolotearon en su cabeza.
El libro, titulado H. Arévalo a todo color, –publicado por la Editorial de la Universidad de Costa Rica– recopila 20 años de trayectoria artística de uno de los principales exponentes del grabado en madera en nuestro país.
La obra se presentará esta noche a las 7:30 p. m. en el Instituto de México, ubicado 250 metros al sur de la Subarú , en Los Yoses.
Además de una selección de las obras más representativas de Arévalo durante dos décadas, el libro incluye textos escritos por tres especialistas en arte que analizan el trabajo del grabador.
Ellos son el curador Gerhard Gensch, de la Universidad de Krems, en Austria; la curadora e historiadora del arte Ileana Alvarado, y el arquitecto y diseñador Andrés Fernández. Como investigador minucioso de la obra de Arévalo, Fernández se ocupó de la selección de obras, así como del prólogo y el diseño gráfico del libro.
“Hernán Arévalo es un artista prolífico que se ha mantenido fiel al grabado en madera y ha sido consecuente con una iconografía personal que, a la vez, tiene una trascendencia universal. Creo que por esa razón su obra ha sido ampliamente aceptada tanto en Costa Rica como en el exterior”, dijo Fernández.
Son dos los rasgos que le otorgan a la obra de Arévalo un sello muy particular: un banco de imágenes simbólicas recurrentes y un depurado manejo del color.
Este grabador y también ilustrador recupera en sus obras una serie de elementos de la cultura popular costarricense actual e incluso precolombina. Su bestiario personal incluye caballos, toros, gallos, perros, peces y lagartos. “Algunos de ellos me daban miedo cuando era niño, pero mi interés es expresar ese choque que existe entre los seres humanos y los animales y esa visión ambigua sobre quiénes son las verdaderas bestias”, expresó Arévalo. Otro conjunto importante de figuras surge de la mezcla entre la iconografía religiosa judeocristiana –heredada de los españoles– con las creencias de los indígenas. El artista utiliza Cristos, cruces, altares y otros íconos de la religiosidad popular para plasmar su admiración por la arraigada fe del pueblo, pero también una visión personal marcada por el humor crítico.
La publicación también revela la evolución del artista con respecto al manejo del color. “Al inicio era más puro y directo. Conforme el diseño se volvió más complejo también se extendió mi paleta y aprendí a distribuir los colores armónicamente”, dijo Arévalo. El libro se vende en la Librería Universitaria de la Universidad de Costa Rica.