
Las medusas duermen alrededor de ocho horas diarias, pese a no tener cerebro ni un sistema nervioso central. Así lo demostró una investigación científica que analizó su comportamiento y reveló patrones de descanso similares a los de los seres humanos.
El hallazgo refuerza la idea de que el sueño apareció muy temprano en la evolución animal y cumple funciones celulares esenciales, incluso en organismos con estructuras nerviosas simples.
La investigación se publicó el martes 6 en la revista Nature Communications. El trabajo incluyó el análisis de dos especies de cnidarios y documentó que estos animales pasan cerca de un tercio del día en reposo.
El estudio se centró en la medusa Cassiopea andromeda, conocida como medusa invertida del Indo-Pacífico. Los científicos la observaron tanto en laboratorio como en ambientes naturales, como lagunas poco profundas de Key Largo, en Estados Unidos.
Los datos mostraron que esta medusa duerme principalmente durante la noche. El periodo de descanso alcanza cerca de ocho horas diarias. Además, el animal presenta un breve descanso al mediodía.
La investigación también confirmó que las anémonas de mar duermen, aunque concentran su reposo en el amanecer. Este comportamiento se observó únicamente en laboratorio.
Para detectar el sueño, los investigadores midieron la frecuencia de las pulsaciones corporales de las medusas. Estos movimientos están relacionados con la alimentación y la circulación de oxígeno.
Durante la noche, las medusas redujeron sus pulsaciones hasta cinco veces por minuto. Además, tardaron más en reaccionar ante estímulos de luz o alimento. Este patrón se asemeja al comportamiento humano durante la somnolencia.
Aunque las medusas no tienen cerebro, los científicos detectaron señales de regulación biológica del sueño. Las anémonas mantuvieron sus ciclos de descanso incluso cuando los investigadores alteraron artificialmente los periodos de luz y oscuridad.
Este resultado sugiere la presencia de un reloj biológico. En el caso de las medusas, la actividad aumentó de forma directa con la exposición a la luz.
Privación del sueño y sus efectos
La falta de descanso tuvo consecuencias claras. Cuando los investigadores interrumpieron el sueño nocturno de las medusas durante más de seis horas mediante la agitación del agua, los animales durmieron cerca de un 50% más al día siguiente.
La aplicación de melatonina también provocó episodios de sueño fuera de los horarios habituales. Este neurohormona regula el sueño en humanos y se produce en ausencia de luz.
Reparación del ADN neuronal
El eje central del estudio se enfocó en la salud celular. Los experimentos mostraron que el daño en el ADN de las neuronas aumenta durante la vigilia y disminuye durante el sueño, tanto en medusas como en anémonas.
Cuando los científicos provocaron daños adicionales al ADN mediante luz ultravioleta o medicamentos quimioterápicos, los animales incrementaron el tiempo de descanso. Este resultado sugiere que el sueño ofrece un periodo dedicado a la reparación eficiente del ADN.
La actividad neuronal intensa durante la vigilia genera más daño del que las células pueden reparar de inmediato. El sueño permitiría concentrar energía en ese proceso de mantenimiento.
El estudio no incluyó un grupo de control que permaneciera despierto tras la inducción del daño celular. Este aspecto limita la comparación con estados de baja actividad sin sueño.
La investigación planea analizar el descanso en esponjas, que no tienen neuronas, y en peces cebra, cuyos cerebros comparten características relevantes con los humanos.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
