
Investigaciones realizadas en Estados Unidos identificaron una combinación de condiciones ambientales y de actividad humana que puede aumentar el riesgo de un ataque de tiburón toro, una de las especies más vinculadas a incidentes con personas en distintas partes del mundo.
Los hallazgos surgieron durante el programa Bull Shark Dinner Bell, de Discovery Channel, en el que participaron el conservacionista australiano Paul De Gelder y la especialista en depredadores Rosie Moore. Ambos analizaron qué situaciones funcionan como una especie de “señal de comida” para estos animales.
De Gelder sobrevivió a un ataque de un tiburón toro en 2009, cuando participaba en un ejercicio antiterrorista en el puerto de Sídney, Australia. El incidente le provocó la pérdida de una mano y una pierna. Desde entonces, trabaja en conservación ambiental y participa con frecuencia en la Shark Week del canal Discovery.
Los especialistas señalaron que estos tiburones suelen evitar el contacto con las personas, al igual que la mayoría de las cerca de 500 especies. Sin embargo, explicaron que esta especie prospera en aguas templadas y actúa como un depredador de emboscada.
Según la información presentada en el programa, los tiburones toro son los principales sospechosos en la mayoría de los ataques registrados en el mundo. En Brasil, la especie fue responsable de los dos ataques más recientes documentados en Pernambuco. El biólogo marino y director de AquaRio, Marcelo Szpilman, indicó a O Globo que se trata de una especie más agresiva.
Tres factores que forman la ‘tormenta perfecta’
Los experimentos permitieron identificar tres condiciones que, cuando coinciden, incrementan la posibilidad de un ataque.
La primera corresponde a la lluvia o las tormentas, que generan vibraciones sobre la superficie del océano. Los investigadores consideran que esos movimientos alteran el comportamiento de los tiburones y favorecen que se concentren en determinadas zonas.
La segunda es la presencia de carne de peces grasos o aceitosos, que despierta el instinto de caza de estos depredadores.
La tercera se relaciona con la actividad humana, como ingresar directamente a un área donde hay tiburones o provocar fuertes vibraciones en el agua mediante saltos, buceo o pesca submarina.
Rosie Moore explicó que, en el caso de los tiburones toro, normalmente coinciden varios factores antes de que ocurra una mordida.
Por su parte, De Gelder recomendó evaluar cuidadosamente las condiciones antes de ingresar al mar, ya que esa decisión puede reducir el riesgo.
Experimentos en la costa de Florida
Los especialistas realizaron las pruebas en Jupiter Ledge, una zona cercana a Palm Beach, Florida, conocida por la alta concentración de tiburones cabeza chata.
Durante uno de los experimentos, Moore ingresó al océano cerca de un grupo de entre cinco y seis tiburones, mientras De Gelder activó una bomba de agua para simular lluvia.
La reacción fue inmediata. Más tiburones llegaron al lugar y comenzaron a desplazarse con mayor rapidez mientras continuaba la simulación.
Los tiburones prefirieron peces grasos
El equipo también comparó la reacción de los animales frente a distintos tipos de alimento.
Los investigadores colocaron carne de peces magros, carne de peces grasos y carne de cerdo para simular tejidos y sangre humanos.
Los tiburones atacaron la caja con peces grasos, mientras ignoraron la que contenía carne de cerdo.
Moore afirmó que este resultado aporta información relevante sobre los estímulos que activan el comportamiento de caza de la especie.
La especialista añadió que conocer los patrones de migración estacional de los peces y su coincidencia con las poblaciones de tiburones cabeza toro permitiría orientar a las personas sobre los momentos en que conviene evitar ingresar al agua.
La pesca submarina también genera una respuesta
Los investigadores también analizaron el efecto de la pesca submarina.
Durante la prueba, De Gelder capturó un pez con un arpón desde una embarcación. Moore observó bajo el agua cómo un tiburón de este tipo atacó al pez que se agitaba.
Poco después, casi una docena de tiburones llegaron al sitio.
En un último experimento, De Gelder se lanzó al océano para generar una fuerte vibración sobre la superficie. Instantes después, varios tiburones aparecieron en la zona, lo que reforzó la hipótesis de que este tipo de estímulos puede atraer a estos animales.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
