La tierra costarricense no es ajena a Edward O. Wilson. El estadounidense visitó el país hace casi 50 años cuando la Escuela de Biología de la Universidad de Costa Rica (UCR) tan solo tenía un par de años de creada y él tenía entre sus manos un proyecto ambicioso: establecer, junto a otros expertos preocupados por la biodiversidad, la Organización de Estudios Tropicales.
Décadas después, su reconocido trabajo con las hormigas lo trajo de vuelta al país donde describió, con su puño y letra, unas 50 especies nuevas, halladas casi todas en la reserva La Selva, en Sarapiquí, provincia de Heredia.
De las hormigas a seres sociales más complejos, como los seres humanos, su contribución a la biología lo ha convertido en uno de los pensadores más destacados del siglo XX. La medalla de la ciencia de EE. UU. y dos premios Pulitzer por sus libros Las hormigas (1990, con Bert Hölldobler) y Sobre la naturaleza humana (1978), son una muestra de ello.
Esta semana regresó a Tiquicia para celebrar los 50 años de la Escuela de Biología de la UCR. Un auditorio lleno, con gente sentada en los pasillos y escalones, lo recibió la tarde del miércoles pasado.
El jueves, en compañía de unos 17 alumnos y profesores de esa escuela, visitó el parque nacional Braulio Carrillo. De camino al santuario natural, conversó con La Nación acerca de sus investigaciones y su preocupación profunda por la degradación que ha hecho la humanidad a los ecosistemas de nuestro planeta, tema que expone en su última obra El futuro de la vida (2002).
A continuación, un extracto de la conversación con Wilson:
¿Qué lo llevó, en sus años de juventud, a tornar su mirada hacia la naturaleza?
Empecé como un niño pequeño, con tan solo nueve años de edad, que se volvió fascinado con los insectos, mariposas, hormigas y demás, que es el algo que le sucede a muchos niños y niñas. Cada niño tiene ‘un período de insectos’, una época en que tiene una fijación por los bichos y yo, simplemente, nunca crecí. Cuando tenía diez años de edad decidí que quería ser un entomólogo, así que elegir mi carrera fue muy sencillo para mí.
¿Se considera un sistematizador? ¿Una persona que entra a la naturaleza e intenta clasificar todos sus sujetos?
Hoy se le conoce más como estudios de la biodiversidad. He trabajado en muchas áreas de la biología, así que suelo referirme a mí mismo como un biólogo. Pero, por la mayor parte de mi vida, incluido el hoy, la biodiversidad es el centro de mi atención.”Este año se cumplen los 300 años del nacimiento de Carolas Linnaeus, quien fundó el sistema de clasificación que utilizamos en la biología moderna. Alrededor del mundo estamos celebrando los estudios de la sistematización y la biodiversidad en honor a Linnaeus. El gran evento, que va a cambiar la forma en que se desarrollan los estudios en biodiversidad, va a ser la Enciclopedia de la vida” .
Usted ha señalado que solo hay 1,8 millones de especies descritas, pero que existen muchas más. ¿La meta de la enciclopedia es recopilarlas todas?
Sabemos que la gran mayoría de criaturas está sin descubrir. Casi todas las aves son conocidas, pero incluso en este grupo, cada año se descubre dos o tres especies nuevas. Casi todas las plantas que florecen son conocidas, hay unas 200.000 descritas, pero incluso ahí puede haber 50.000 o más sin descubrir. Cuando va más allá de las aves, las plantas que florecen y los mamíferos, uno ingresa a un mundo desconocido.
“Hasta los peces y los anfibios son pobremente estudiados. Cuando uno entra en las otras criaturas, a las que llamo las pequeñas cosas que manejan al mundo, los hongos, los gusanos nematodos, los ácaros… no sabemos lo que son la gran mayoría y, cuando llegamos a las bacterias, que son los verdaderos cimientos del sistema, puede que haya cientos de millones de especies, pero solo conocemos 10.000. Eso le da una idea de cuánto más tenemos que recorrer para entender cómo funciona el mundo vivo”.
La velocidad a la que estas especies están desapareciendo hará que sea imposible conocerlas antes de que sean extintas…
Eso es correcto y si esperamos a que la mitad se haya ido, como se prevé que suceda para el final de este siglo, podremos encontrarnos con que las cosas están andando muy mal en el mundo y no sabremos por qué, ya que no conoceremos siquiera las cosas que desaparecieron, que eran las que mantenían todo a flote.
¿La pérdida de la mitad de la biodiversidad del planeta para fin de siglo es inminente?
Eso solo sucederá si no hacemos nada para salvar la biodiversidad. Ahí es donde entra la importancia de los parques nacionales, reservas, conservación de especies y demás; su meta es salvar los ecosistemas.
Existen muy curiosas bacterias y criaturas que pueden sobrevivir hasta en los más hostiles ambientes. ¿Eso significa que la vida en el planeta siempre sobrevivirá?
Nosotros no vamos a destruir toda la vida. La humanidad no tiene la capacidad de destruir toda la vida en la Tierra, pero al menos que intentemos mantener lo que tenemos ahora, las cosas cambiarán dramáticamente.
”Debemos intentar mantener cada especie en la Tierra, porque no conocemos su valor y la importancia de cada pequeña especie. Esa es la ética, el paso admonitorio que debemos tomar. Cuando salimos a encontrar todo lo que está allí afuera estaremos haciendo descubrimientos científicos, encontrando nuevos productos y aprendiendo sobre procesos que aumentan la salud humana y la productividad.
“En general, descubriremos cosas del único planeta viviente que, probablemente, conozcamos. Esto hace que todo el esfuerzo por salvar las especies sea beneficioso”.
El ejemplo tico
Más allá de la ética y del conocimiento científico, usted también señala que hay un enorme beneficio económico en preservar y conocer las especies.
Deberíamos estar prestando atención no solo a las cosas que hacemos –como la cantidad de automóviles, el ingreso per cápita y demás– sino también a la cantidad del medioambiente que estamos salvando para tener un desarrollo sostenible.”Eso nos trae a Costa Rica, a la impresionante visión del presidente Óscar Arias: paz con la naturaleza. He leído su discurso, es una brillante visión para el futuro que cada país debería seguir. No vamos a tener seguridad y alta calidad de vida para cada persona en el mundo si seguimos masticando el ambiente y consumiéndolo para llenar las necesidades del tiempo presente”.
¿Cuál es el paso a seguir para un país como Costa Rica que ya tiene más del 25% del territorio en zonas protegidas?
No es mi lugar decirle a este país qué hacer. Lo único que puedo decir es que Costa Rica ha logrado un maravilloso progreso por sí sola. Lo ha hecho a través del mejor uso de sus recursos naturales al utilizarlos de una forma sostenible. Como un foráneo, lo único que puedo sugerir es que sigan haciendo más de lo mismo.
Las hormigas
El inicio de su trabajo se enfocó en el estudio de insectos sociales, específicamente las hormigas. ¿Qué le enseñaron las hormigas sobre la naturaleza humana?
Muy poco (se ríe), excepto que es importante recordar que las hormigas, al igual que otros insectos sociales como las abejas, las avispas, representan, en su nivel de organización y su habilidad de comunicarse, lo más cercano a lo que estaremos de ver cómo la vida social podría evolucionar en otros planetas. En otras palabras, cuando estudiamos estos maravillosos insectos, es casi como aterrizar en otro planeta y encontrar un completamente distinto orden social. ”Lo que pasa es que las hormigas son tan pequeñas que no pueden tener cerebros, así que no pueden desarrollar una cultura; se necesita de un ser grande, como el ser humano, para poder dar ese siguiente gran salto evolutivo. Pero dejando eso de lado, nos dan enorme información de cómo el altruismo se origina, nos han dado mucha información de cuán lejos se puede llevar la comunicación a través de solo químicos, las feromonas”.
Usted ha demostrado que hasta los insectos pueden vivir en sociedad, no se trata de una característica exclusiva de los humanos.
Sí. Lo otro que hemos aprendido es que vivir en sociedad trae grande ventajas. Véalo así: todos los insectos sociales –las hormigas, las avispas, las abejas y las termitas– representan tan solo el 2% de todas las especies de insectos que conocemos, pero en la gran mayoría de los sitios representan más de la mitad de la biomasa. Esas pocas especies sociales dominan el ambiente.
¿Qué ha aprendido sobre la relación entre los genes y el comportamiento social, tanto en insectos como en humanos?
Esa es la próxima frontera en los estudios de los insectos sociales. El próximo año voy a publicar junto a Bert Hölldobler, con quien publiqué Las hormigas , un nuevo libro llamado Los superorganismos . Se trata de una visión mucho más profunda a la conducta social desde los genes, qué genes deben cambiar en orden de hacer algo social.
¿Cuántos genes controlan el comportamiento social?
Sabemos que en humanos, y probablemente sea cierto también para los insectos sociales, un gran porcentaje de los genes, no voy a decir cuántos, pero es muy grande, están ahí para codificar características cerebrales y del sistema nervioso central y, por lo tanto, para el comportamiento.