
Un hallazgo científico realizado en la Estación Espacial Internacional (EEI) identificó que la exposición al ambiente espacial altera redes moleculares vinculadas con enfermedades cardíacas, neurológicas, musculares y renales en humanos.
El estudio se publicó el 2 de enero de 2026 en la revista Science Advances y analizó cambios genéticos en células humanas expuestas a microgravedad.
La investigación se enfocó en células inmunes humanas del tipo monocito-macrófago, utilizadas como modelo celular único para evaluar cómo el vuelo espacial modifica la expresión de miles de genes. El análisis comparó muestras cultivadas en la EEI con controles mantenidos en la Tierra bajo las mismas condiciones técnicas.
Los resultados mostraron que 31% de los genes analizados presentó cambios significativos tras la exposición al ambiente espacial. La mayoría de las alteraciones correspondió a genes activados, asociados con la contracción cardíaca y muscular, la función neuronal y la percepción sensorial.
Otro grupo de genes presentó reducción en su actividad, principalmente aquellos relacionados con el ciclo celular, la reparación del ADN y el procesamiento del ARN. Estos procesos son clave para mantener la estabilidad genética y prevenir enfermedades degenerativas.
El análisis bioinformático también identificó redes moleculares específicas vinculadas con problemas de visión, alteraciones del sueño y cambios en el movimiento, condiciones reportadas con frecuencia por astronautas durante y después de misiones espaciales.
Además, los investigadores detectaron patrones genéticos similares a los observados en enfermedades crónicas en la Tierra, lo que posiciona al ambiente espacial como un modelo acelerado para estudiar el desarrollo de patologías humanas.
El estudio validó sus resultados mediante comparación con datos de misiones espaciales previas, incluyendo análisis de sangre de astronautas, lo que reforzó la consistencia de los hallazgos. Según los autores, este enfoque permite evaluar múltiples sistemas del cuerpo humano sin recurrir a experimentos invasivos.
Los resultados también abren la posibilidad de usar modelos de inteligencia artificial para identificar fármacos y terapias que mitiguen los efectos del vuelo espacial, con potencial aplicación en medicina terrestre.
El hallazgo aporta información clave para la salud de astronautas en misiones prolongadas, especialmente ante futuros viajes a la Luna o Marte. Al mismo tiempo, ofrece una nueva vía para investigar enfermedades humanas desde el espacio, con beneficios potenciales para la población en la Tierra.