Los cerros de La Carpintera tienen una riqueza biológica mucho mayor que la sospechada: 1.100 especies de plantas, 187 de aves, 31 de mamíferos y 174 de mariposas.
Este inventario se registró en un estudio que el Departamento de Historia Natural del Museo Nacional realizó durante cuatro años y que acaba de terminar.
A pesar de su tesoro natural, esta zona de 2.391 hectáreas, en la provincia de Cartago, solo cuenta con la categoría de zona protectora, el estatus más bajo que existe en el país.
Joaquín Sánchez, biólogo del Museo Nacional y coordinador del estudio, resaltó la singularidad de un ecosistema tan rico ubicado en la zona más degradada ecológicamente del país, como lo es la Gran Área Metropolitana.
“La Carpintera, incluso, mantiene parches boscosos de la vegetación original de hace más de 500 años”, dijo el especialista.
Variado. El estudio registró una amplia variedad de árboles de dosel, los cuales son los que le dan la estructura al bosque.
Entre ellos se pueden encontrar especies como el roble blanco y el encino, que son sobrevivientes de los bosques que existían antiguamente en los alrededores del Valle Central.
El estudio también detalla una gran variedad de epífitas. “El grupo de las epífitas, entre las que están las orquídeas, las bromelias y las alacias, representa un tercio de las plantas que existen aquí”, explicó Sánchez, quien, además, hizo el estudio botánico.
Asimismo, en estos cerros existe una planta llamada Peperomia carpinterana , que solo se ha hallado en La Carpintera y en sus alrededores. Este bosque es posiblemente el único lugar en el mundo donde sobrevive la especie.
El inventario de aves, realizado por el ornitólogo Julio Sánchez, también resalta la amplia presencia de estos seres: registra un total de 187 especies, 13 de las cuales son endémicas regionales (se encuentran solo en Costa Rica y Panamá). Además, se observaron aproximadamente 40 especies migratorias.
Entre los pájaros más comunes, destacan el tucancillo verde y las tangaras ojerudas.
Los tipos de mamíferos más variados son los murciélagos, con una presencia de 16 especies.
El estudio también resalta la presencia de animales grandes, los cuales han podido sobrevivir a pesar de la cacería ilegal.
Por ejemplo, hay armadillos, perezosos de dos dedos, conejos de monte, martillas y coyotes.
Este inventario, realizado por el mastozoólogo Francisco Durán, incluso informa sobre el avistamiento de un ejemplar de caucel.
En cuanto a los insectos, el recuento realizado por el entomólogo German Vega registra un total de 142 mariposas diurnas (lo cual representa el 12% de las especies de estos animales presentes en el país) y de 32 mariposas nocturnas.
Entre ellas se registra la Memphis lankesteri , la cual solamente se ha visto en las montañas del Valle Central.
Amenazas. Esta riqueza biológica corre peligro. Según Joaquín Rodríguez, las principales amenazas contra este ecosistema son la urbanización formal e informal, la cacería, la extracción de plantas y el cambio de uso de los suelos.
“Aunque el carácter de zona protectora no permite que se le cambie el uso al suelo, esta práctica se hace solapadamente”, sostiene.
Sánchez explica que una de las maneras de hacer esa transformación es “socolando el bosque”.
En algunas zonas ganaderas, las cercas que dividen los potreros del bosque son violadas o no se les da el mantenimiento adecuado. El ganado suele internarse en la foresta y “limpiar” el sotobosque: las vacas se comen, majan o patean las pequeñas plantas que viven en el suelo de esos ecosistemas.
“El bosque se termina convirtiendo en un potrero arbolado y esos árboles restantes terminarán muriendo”, denunció Sánchez.
Pastizales aledaños a la zona ya presentan estas características, según comprobó La Nación en las fincas colindantes con el Campo Escuela Iztarú, de la Asociación Guías y Scouts de Costa Rica.
Actualmente una comisión mixta estudia las alternativas para el aumento de la categoría de protección para La Carpintera.
Minor Serrano, coordinador de Iztarú y miembro de la comisión, indicó que una de las principales amenazas para la conservación es la cercanía del bosque con las zonas urbanas.
“Hay comunidades que están en el límite y que están formando un anillo alrededor del bosque; la presencia humana está ahorcando lo que queda de los bosques de La Carpintera”, opinó.
Serrano confía en que el estudio sirva a la comisión como un argumento científico ante el Ministerio de Ambiente, Energía y Telecomunicaciones para aumentar la categoría de protección de este ecosistema.