San José (Redacción). Hoy dejará de funcionar como aeropuerto Tempelhof, uno de los aeródromos más famosos del mundo y uno de los más grandes ejemplos de la arquitectura nazi que aún conserva Berlín.
Este sitio cargado de historia fue sitio de las primeras pruebas aéreas alemanas, sede de la línea Lufthansa, vía de suministro durante el cerco de los rusos a Berlín occidental y lugar de aterrizaje para los presidentes estadounidenses que visitaron esta ciudad durante los años en que estaba dividida por un muro entre capitalistas y comunistas.
Tempelhof dejó de existir como aeropuerto este 30 de octubre pero su futuro es desconocido y sigue rodeado de polémica.
El edificio, sin embargo, está protegido pues se le considera monumento histórico. No en vano, aunque la versión actual del edificio se levantó entre las décadas de 1920 y 1930 aún es la tercera edificación más grande creada por el hombre.
Sus hangares miden cerca de un kilómetro de largo y le caben más de cien aviones.
Tempelhof es, junto con el estadio olímpico de Berlín, dos de los mejores exponentes de la arquitectura nazi que sobrevive en la ciudad de Berlín, la cual Adolfo Hilter quería convertir en Germania, la ciudad que toda la humanidad admiraría.
Su estilo monumental y hecho en piedra ofrece grandes, simétricas y pulcras fachadas que a lo interno ofrecen amplios salones llenos de luz natural.
Un amplio techo metálico sin columnas, innovador en su época, permitía a los viajeros llegar rápidamente a los aviones y sortear las lluvias y el mal tiempo.
Hitler ordenó destruir el edificio si perdía la Segunda Guerra Mundial, pero el oficial a cargo se negó a hacerlo y se suicidó.
Con la posterior repartición de Berlín, Tempelhof quedó en el lado de los capitalistas. Cuando Moscú decidió bloquear el suministro de víveres a la ciudad, en Tempelhof se instaló un puente aéreo que, durante más de un año (de 1948 a 1949) suministro casi 5.000 toneladas diarias de alimentos a los berlineses occidentales.
Este puente aéreo implicaba el aterrizaje cada 90 segundos de un avión y unió de manera muy profunda a Estados Unidos y Alemania.
Durante el resto de la Guerra Fría, Tempelhof fue el sitio donde aterrizaban los presidentes de Estados Unidos (como Kennedy, Carter, Nixon y Reagan) que visitaron la ciudad.
Tras la caída del muro fue evidente que el aeropuerto, localizado en el centro de la ciudad, ya no podría ampliarse para permitir el aterrizaje de los aviones actuales y comenzó a tener más pérdidas conforme pasaban un año.
Su destino fue causa para el primer referendo en Berlín y se decidió su cierre, que se ejecutará finalmente este jueves, cuando despegue el último avión de sus pistas.