
Un hongo que pone en jaque a las poblaciones de ranas y demás anfibios del mundo utiliza la reproducción sexual como táctica de ataque.
Un nuevo estudio, que publica hoy la revista Proceedings of the National Academy of Sciences , señala que el parásito se vale tanto de la reproducción asexual como de la sexual para propagarse y afectar a los anfibios.
En el primer caso, el hongo crea clones de sí mismo para aumentar su cantidad y esparcirse en un mismo sitio.
Sin embargo, la reproducción sexual del hongo es la más preocupante. El producto del cruce entre dos ejemplares son pequeñísimas esporas que permiten que el parásito se mantenga latente por años y pueda viajar con mucha facilidad –en la suela de un zapato, con el viento o las plumas de un ave– hacia distancias lejanas.
Enemigo. El parásito exterminador es el Batrachochytrium dendrobatidis , un hongo amante del agua, que fue identificado por primera en 1998, pero al analizar posteriormente registros en museos se determinó que existe, al menos, desde los años 30.
No obstante, en los últimos años, ya sea por el calentamiento global, el uso de agroquímicos o la intromisión humana en el ambiente, el hongo se convirtió en un patógeno para los anfibios.
Aunque no se entiende bien su forma de actuar, se sabe que produce una enfermedad llamada chrytridiomycosis que impide que las ranas, sapos y salamandras puedan absorber agua a través de su piel.
La presencia del hongo en todos los continentes salvo Antártica (único sitio donde no hay anfibios) ha contribuido a que en las últimas dos décadas desaparezcan 120 especies de anfibios en el mundo.
En nuestro país, el Batrachochytrium dendrobatidis es el responsable de haber extinguido de las alturas de Monteverde, Puntarenas, la rana arlequín y el sapo dorado, de acuerdo con lo que indicó un estudio de Alan Ponds, del Centro Científico Tropical, el cual fue publicado en el 2005 en la revista Nature .
Ese análisis determinó que otras 70 especies de anfibios de nuestro país, del istmo centroamericano y de América del Sur están amenazadas por la proliferación del parásito.
El parásito también ha tenido su efecto en las poblaciones de anfibios de la Sierra Nevada, en California, EE.UU., donde la rana de patas amarillas ( Rana mucosa ) está ahora en riesgo de extinción.
Estudio genético. Justamente fue allí donde los investigadores de la Universidad de Berkeley, liderados por la australiana Jess Morgan, realizaron el estudio genético del parásito.
Tomaron 100 ranas de distintos sitios de la Sierra Nevada y analizaron el parásito en ellas. La lógica tras el estudio era clara: si la genética en todos los parásitos era homogénea (un solo genotipo), eso sería señal de que el hongo fue recientemente introducido al área.
No obstante, los científicos se encontraron con una sorpresa. En algunos sitios la población del hongo era genéticamente homogénea, prueba de que el parásito se reproducía allí de forma asexual; pero en otros, había recombinación genética, señal de que el hongo, una vez asentado, también se vale de la reproducción sexual como táctica para seguir atacando.
Según Morgan, la reproducción sexual dificulta combatir el parásito. Por ahora aconseja tener más cuidado a la hora de entrar en contacto con una zona contaminada con el hongo, para no esparcir sus esporas.