12 enero, 2006
Pantalla completa Reproducir
1 de 2

Un agresivo hongo patógeno extinguió a dos especies de anfibios originarios de Monteverde, Puntarenas, y amenaza al resto de los batracios que habitan la región.

Un estudio científico comprobó que la rana arlequín y el sapo dorado desaparecieron por ese hongo que se reproduce en el agua y al cubrir su piel, por la cual respiran, los infeccionó y asfixió.

El estudio también demostró que el calentamiento global es letal, pues crea las condiciones óptimas para que este hongo se reproduzca fácilmente en el agua.

Además, se advierte que otras 70 especies de anfibios en Monteverde, en Centro y Sur América están amenazadas por la proliferación del parásito.

La novedosa investigación estuvo a cargo de un equipo de científicos internacionales -tres de ellos ticos- que consiguió identificar al hongo como el causante de la muerte de anfibios y, luego, establecer la relación entre la propagación del parásito y el cambio climático.

El estudio se divulga hoy en la prestigiosa revista británica Nature y en The New York Times.

En la Reserva Biológica Monteverde, que atraviesa la Cordillera de Tilarán, viven 400 especies de aves, 500 de mariposas, 120 de reptiles y anfibios, 2.500 de plantas, 500 de árboles y decenas de miles de especies de insectos. El año pasado visitaron el sitio 80.000 personas.

"Balazos". "La enfermedad del hongo es la bala que mata a las ranas, pero es el cambio climático el que aprieta el gatillo", dijo Alan Pounds, del Centro Científico Tropical, quien lideró el estudio (en el que lleva 15 años) y vive en la zona.

Para investigar, los científicos recopilaron informes sobre la extinción de ranas arlequín en América Central y del Sur.

Además, analizaron datos meteorológicos con lo cual detectaron una relación directa entre la temperatura y los datos sobre la última vez que se vieron las ranas.

Según investigaciones previas al artículo, dos tercios de las especies de estos anfibios desaparecieron entre los años 80 y 90.

La investigación enfatiza que los anfibios de la familia Atelopoidae se extinguieron aún en regiones protegidas remotas y prácticamente en estado original.

Pounds halló que el cambio climático hace que sobre las montañas tropicales de América haya más nubes y por ende, los días sean más frescos y las noches mucho más cálidas.

Estas condiciones climáticas benefician al hongo llamado Batrachochytrium dendrobatidis , pues su crecimiento óptimo sucede entre los 17 y 25 grados Celsius.

"Antes se creía que este hongo era débil y que solo afectaba a material en descomposición. Sin embargo, el estudio de Pounds demuestra que este parásito puede posarse sobre la capa de piel superior de los anfibios infectados", aclaró Gerardo Chaves, del Museo de Zoología de la Escuela de Biología de la Universidad de Costa Rica.

"Este hongo elimina una importante barrera contra infecciones, por lo que hace que las ranas sean más susceptibles al ataque de otros patógenos y mueran con más facilidad", explica el estudio en Nature.

Reacción y acción. "Existe la urgente necesidad de usar fuentes de energías limpias", dijo Pounds refiriéndose al efecto invernadero incrementado por la quema de combustibles fósiles, explicó.

"Para ello deberían hacerse esfuerzos tan grandes como los que se hicieron para la construcción de la primera bomba atómica y el primer alunizaje", añade el estudio.

Andrew Blaustein, científico de la Universidad Estatal de Oregon, Estados Unidos, enfatizó que esta evidencia de cómo el cambio climático afecta la población de ranas debe ser valorada como una señal de alerta también para lo seres humanos. Al respecto, Pounds advirtió: "Los humanos tampoco estamos exentos".