
Un solo paso fósil, impreso en una losa de lutita fina, cambió la comprensión sobre el origen de los dinosaurios en Australia. Un estudio científico documentó la evidencia más antigua de dinosaurios en ese país. Se trata de una huella preservada en la Formación Aspley, en Brisbane, Queensland, con una antigüedad cercana a 230 millones de años, durante el Triásico tardío, en el periodo Carniano.
El material corresponde a una huella de pie y a un fragmento asociado con una impresión lineal. Ambos fósiles se recolectaron en 1958 en la entonces activa cantera de Petrie, ubicada en el suburbio de Albion. Durante décadas permanecieron sin un análisis detallado y circularon por colecciones académicas de Australia y Estados Unidos. En 2025 regresaron a Australia y quedaron depositados oficialmente en el Queensland Museum, donde se realizó su descripción científica formal.
El hallazgo ocurrió de manera fortuita. A finales de la década de 1950, un joven aficionado a la geología participó en una visita a la cantera, conocida por fósiles vegetales del Triásico. Entre rocas y restos de plantas, una losa de arenisca con una marca inusual llamó su atención. No correspondía a un fósil vegetal. La recogió como curiosidad, sin saber que se trataba del registro más antiguo del paso de un dinosaurio en Australia.
La roca acompañó durante años a su descubridor, Bruce Runnegar, quien luego desarrolló una carrera en paleontología. La pieza viajó entre universidades y sobrevivió a mudanzas y reorganizaciones institucionales. Pese a ello, nunca recibió un estudio profundo y su valor científico quedó pendiente durante casi siete décadas.
El análisis comenzó cuando Runnegar contactó al investigador Anthony Romilio, especialista en huellas fósiles. El equipo aplicó modelado tridimensional y morfometría digital. Los resultados confirmaron que la losa conservaba la huella de un dinosaurio bípedo y que representaba el registro más antiguo conocido en Australia.
La huella, catalogada como QM F62103, mide 18,5 centímetros de largo y 16,2 de ancho. Presenta forma subtriangular, tres proyecciones digitales bien definidas y una mesaxonía débil, lo que indica que el dedo central no sobresale de forma marcada. Estas características permitieron compararla con el icnogénero Evazoum, asociado a sauropodomorfos basales del Triásico tardío.
Aunque el ejemplar australiano casi duplicó en tamaño al holotipo de Evazoum sirigui descrito en Italia, su morfología coincidió con huellas similares halladas en Europa y Norteamérica. Los análisis geométricos ubicaron el fósil dentro del mismo grupo morfológico. Este resultado amplió la distribución geográfica y el rango de tamaños conocidos, lo que sugiere una mayor diversidad temprana de dinosaurios.
Con base en la longitud de la huella y modelos comparativos derivados de reconstrucciones digitales de Bagualosaurus agudoensis, un pequeño sauropodomorfo del Triásico tardío de Brasil, los investigadores estimaron una altura de cadera cercana a 78 centímetros. Los modelos volumétricos tridimensionales indicaron una masa corporal aproximada de 144 kilogramos. Las ecuaciones de escalamiento alométrico sugirieron una velocidad máxima teórica cercana a 60 kilómetros por hora, lo que describe a un animal ágil y de tamaño moderado.
Junto a la huella principal se conserva un segundo bloque, identificado como QM F62104, con una impresión lineal poco profunda de unos 13 centímetros. Aunque se rotuló inicialmente como un posible arrastre de cola, los autores mantuvieron cautela. La ausencia de huellas asociadas y la pérdida del contexto original impidieron una atribución definitiva, aunque la morfología resultó compatible con trazas descritas en otros yacimientos del Triásico.
La cantera de Petrie fue, desde finales del siglo XIX, un sitio relevante para la extracción de piedra y para la investigación paleontológica, especialmente de fósiles vegetales. En la década de 1950 ya existían indicios de huellas de vertebrados, pero no se consolidaron en la literatura científica. Con el paso del tiempo, el área quedó cubierta por desarrollos residenciales, lo que imposibilitó nuevas excavaciones. Por esta razón, los fósiles recuperados antes del cierre definitivo del lugar adquirieron un valor irremplazable.
El estudio determinó que la huella de Albion representa el registro más antiguo de un dinosaurio en Australia y uno de los más tempranos de Gondwana. Además, confirmó la presencia de sauropodomorfos basales en el este del supercontinente durante el Carniano, una etapa clave en la diversificación temprana de los dinosaurios. El caso también evidenció la relevancia de las colecciones históricas, donde un hallazgo casual de 1958 terminó por redefinir el pasado profundo del continente.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
