En realidad, un avión de la línea aérea británica BOAC (British Overseas Airways Corporation) había realizado el 4 de octubre de 1958 el mismo trayecto con el avión a reacción Comet IV. Pero esa ruta se operaba una vez por semana. Además, el Comet tenía el inconveniente de ser un avión extremadamente ruidoso. Pan Am tenía el avión más cómodo, moderno y económico, el Boeing 707, al que le pertenecería el futuro. Volaba al doble de velocidad que los aviones a hélice, más alto y más silencioso, además de ser más comfortable. Sobre todo ofrecía capaajeros, el doble de lo que cabían en el avión a hélice DC 7 y el primer Comet IV.
Motores más poderosos permitieron que el 707 pudiera volar sin escalas al poco tiempo desde Nueva York hacia Fráncfort, Roma y Rio de Janeiro. Dos años más tarde, toda la flota de Pan Am estaba compuesta por jets, lo que le permitió realizar vuelos con aviones a reacción hacia Africa y Asia. En su informe anual correspondiente a 1960, la empresa constataba: "El mundo libre está ahora a solo un paso de distancia". Berlín, la ciudad dividida, también se convirtió en 1966 en uno de los destinos de Pan Am.
Ya en 1958, Pan Am introdujo la llamada tarifa en clase económica, con la idea de que volar se volviera algo más accesible y los aviones, de a poco, en un medio de transporte masivo, una visión del fundador y presidente de muchos años de la empresa, Juan Terry Trippe, hijo de un adinerado banquero de Wall Street cuya pasión fue la aviación desde muy temprana edad. Por iniciativa suya fue desarrollado el Boeing 747, conocido como "Jumbo", cuyos elevados gastos de adquisición y mantenimiento durante la crisis del petróleo de principios de los años 70 precipitaron la debacle financiera de Pan Am.