Londres y Hamburgo. dpa. Antes que ella casi nadie había realizado un protocolo tan preciso del torrente de pensamientos de la mente. La escritora inglesa Virginia Woolf es considerada hoy una de las autoras feministas más influyentes del siglo pasado y una pionera de la literatura moderna.
Pero también es un personaje trágico: la talentosa hija de un profesor sufrió abusos de niña, padeció depresiones y se suicidó ahogándose a los 59 años. El pasado jueves se cumplieron 125 años del nacimiento de Adeline Virginia Stephen, quien fue conocida luego como Virginia Woolf.
Huella familiar. Su infancia fue tan privilegiada como sombría. La familia tenía un nivel económico alto y mantenía contactos intelectuales. Virginia y sus siete hermanos recibían clases en su propia casa.
A los 13 años la escritora perdió a su madre y padeció su primera crisis psíquica. En torno a esta misma época fue acosada sexualmente por un medio hermano. Desde entonces no sintió más placer en su cuerpo, según confesaría ya en su época adulta.
Pero la melancolía es solo una parte de su carácter: con enorme productividad escribió ensayos y reseñas para el diario Times , así como cartas y diarios llenos de dibujos sarcásticos.
Sus interlocutores la recordaban como una mujer inteligente y muy graciosa, predispuesta tanto al chismorreo como a las discusiones sobre arte y política.
Su hermana Vanessa y su hermano Thoby tenían los mismos intereses: su casa en el barrio bohemio londinense de Bloomsbury se convirtió en punto de encuentro de un círculo artístico al que pertenecían, entre otros, el novelista E. M. Forster, el filósofo Bertrand Russel y el economista John Maynard Keynes.
Todos estos intelectuales manejaban un inconformismo elitista con tendencia a la provocación. En 1910, Virginia viajó con una barba falsa y un disfraz al pueblo costero de Weymouth, se hizo pasar por emperadora de Abisinia y disfrutó de una visita guiada por el barco de guerra Dreadnought.
Obra. Pero a los períodos de altanería le solía suceder un descenso a los infiernos. En 1913 intentó quitarse la vida por primera vez, solo pocos meses después de su boda con el crítico literario Leonard Woolf.
No obstante, su creatividad no sufría: en 1915 publicó su primera novela, Fin de viaje . En 1922 le siguió El cuarto de Jacob , en la que Woolf desarrolló la técnica del monólogo interno casi al mismo tiempo que el autor James Joyce.
Por otra parte, escribió La señora Dalloway (1925) a partir de pensamientos conscientes, semiconscientes y a veces solo fragmentarios de sus personajes, ante los cuales la acción externa pasaba a un segundo plano. En Orlando (1928) hizo viajar a su protagonista por los siglos y cambiar de sexo. De esta manera elaboró literariamente su relación amorosa con la escritora Vita Sackville-West.
Ensayos. Las novelas de Virginia Woolf siguen siendo consideradas en la actualidad obras importantes de la literatura moderna, pero su fama como pensadora se la debe sobre todo a sus ensayos tardíos.
En A Room of One’s own (Una habitación propia), de 1929, denuncia las lamentables condiciones de trabajo que debían padecer las escritoras: “Quinientas libras al año y una habitación propia, y una mujer puede escribir con tanto éxito como un hombre”, afirmaba.
El texto se convirtió en un documento muy citado por el movimiento feminista, al igual que Three Guineas , en el que Woolf reflexionaba, poco antes de desatarse la Segunda Guerra Mundial, sobre la relación entre el dominio masculino y el militarismo.
Sin embargo, el éxito no pudo curar su mente. Una y otra vez padecía depresiones, escuchaba voces y se pasaba días sin poder trabajar en sus escritos.
Finalmente, no aguantaba más el miedo a padecer un nuevo ataque de nervios y el 28 de marzo de 1941 se lanzó al nutrido cauce del río Ouse en el idílico condado de Sussex.
Para estar segura de no fallar en su intento de quitarse la vida, la excelente nadadora llenó su abrigo con pesadas piedras.