
Hablar menos puede parecer un cambio pequeño, casi imperceptible. Una conversación más corta, una respuesta más breve o un mensaje escrito en lugar de una llamada no suelen parecer señales importantes. Sin embargo, cuando ese cambio se acumula con el tiempo, el efecto se vuelve visible.
Eso fue lo que encontraron investigadores de la Universidad de Missouri–Kansas City y la Universidad de Arizona al analizar cómo ha cambiado la cantidad de palabras que las personas pronuncian diariamente. El estudio, publicado en la revista Perspectives on Psychological Science, concluyó que entre 2005 y 2019 se perdieron, en promedio, 338 palabras habladas por día cada año.
La investigación se titula Sliding Into Silence? We Are Speaking 300 Daily Words Fewer Every Year (¿Nos estamos quedando sin palabras? Cada año hablamos 300 palabras menos al día) y reunió datos de 2.197 participantes de entre 10 y 94 años, procedentes principalmente de Estados Unidos, además de México, Australia y varios países de Europa. Los datos provenían de 22 estudios realizados durante 14 años.
Para medir cuánto hablaba cada persona, los investigadores utilizaron grabaciones ambientales tomadas de forma pasiva durante la vida cotidiana. Es decir, no se trataba de entrevistas ni cuestionarios, sino de fragmentos reales del día a día que permitían estimar cuántas palabras pronunciaba cada participante.
El promedio general fue de 12.792 palabras diarias, una cifra menor que la reportada en una investigación previa de 2007 con la misma metodología, que había estimado 15.959 palabras por día. Esa diferencia llevó a los autores a revisar si existía una disminución sostenida con el paso de los años.
Al relacionar la cantidad de palabras con el año en que se recolectaron los datos, encontraron una caída constante. Aunque 300 palabras pueden parecer pocas, el acumulado anual supera las 120.000 palabras menos que el año anterior.
Entre 2005 y 2019, esa reducción representó aproximadamente un 28% menos de palabras habladas por día.
Para los autores, esa pérdida no solo significa hablar menos, sino también mantener menos conversaciones reales con otras personas: amigos, familiares, colegas o incluso desconocidos.
El estudio también analizó si la edad influía en esa disminución. La hipótesis era que las personas jóvenes, más expuestas a formas de comunicación digital como mensajes de texto, redes sociales o correos electrónicos, podrían haber reemplazado parte de sus conversaciones habladas por interacciones escritas.
Los resultados mostraron una diferencia. Las personas menores de 25 años perdieron en promedio 451 palabras por año, mientras que quienes tenían más de 25 años redujeron cerca de 314 palabras anuales. Es decir, los más jóvenes perdieron alrededor de un 44% más palabras habladas que los adultos mayores.
Aun así, los investigadores aclaran que la tecnología no explica por completo el fenómeno. Aunque el uso de plataformas digitales influye, consideran que también existen cambios estructurales más amplios en la forma en que las personas conviven, se reúnen y mantienen vínculos sociales.
El artículo conecta esta reducción con el aumento de la soledad y el aislamiento social. Los autores recuerdan que ya existe evidencia clara sobre la relación entre la soledad y peores resultados de salud, así como entre la cantidad de conversaciones diarias y el bienestar.
El estudio no determina exactamente qué conversaciones se perdieron ni si los intercambios digitales compensan esa ausencia.
