El Cairo. EFE y AFP. En medio de la emoción de miles de egipcios que siguieron el trayecto de 10 horas, la gigantesca estatua de Ramsés II fue trasladada ayer del centro de El Cairo a un sitio del desierto en las inmediaciones de las pirámides de Giza.
Tras seis años de discusiones y mucha polémica, las autoridades de Egipto decidieron mover al coloso de granito pues ha sido dañado por la enorme contaminación -principalmente, por el humo de miles de vehículos- y por las vibraciones del metro.
La estatua, de 83 toneladas de peso y de 11 metros de altura, comenzó su recorrido de salida de El Cairo a la una de la madrugada de ayer desde la plaza que lleva su nombre, frente a la principal estación de ferrocarril, donde permaneció 51 años.
Rodeado por un andamio de metal y vendado en los puntos más sensibles, la piezas fue transportado en dos plataformas móviles, las cuales fueron remolcadas por un gran camión.
Fue un lento trayecto de 35 kilómetros hasta llegar a su lugar de destino, alrededor del mediodía.
Allí, cerca de la carretera que une El Cairo y Alejandría, se quedará temporalmente en un almacén especial a la espera de ser colocado en el nuevo Museo Egipcio, en la misma zona, cuya construcción terminará en el 2010.
Enorme caravana. Ramsés II fue escoltado por centenares y también por miles de curiosos. Desde la calle, pero también desde las terrazas y ventanas, miles de egipcios no dejaron de ovacionar el traslado del monumento.
"Ramsés, Ramsés" coreó la multitud, aclamando y aplaudiendo al convoy que se movió a cinco kilómetros por hora. "¡Ramsés te echaré de menos!", gritó Issam Abu Zaib , de 12 años.
La operación fue muy criticada debido a su alto costo -$1,2 millones- y porque, en opinión de los detractores, minaba la identidad del centro de El Cairo.
Ramsés II reinó en Egipto entre 1279 y 1213 antes de Cristo y es el faraón más famoso debido a la inmensidad de vestigios que quedan de su reinado.