
En la Bulgaria de la Edad del Hierro, la carne de perro integró prácticas alimentarias asociadas a fiestas comunitarias, según evidencia arqueológica reciente. Un estudio publicado en diciembre en la revista International Journal of Osteoarchaeology identificó marcas de corte en decenas de esqueletos caninos, lo que indicó el consumo de estos animales hace aproximadamente 2.500 años.
La investigación señaló que este consumo no respondió a escasez de alimentos. Los yacimientos analizados presentaron abundancia de ganado, principal fuente de proteína en la región. Los datos sugirieron que la carne de perro tuvo un valor simbólico o ritual, más que una función de subsistencia.
Durante la Edad del Hierro, entre los siglos V y I a. C., los tracios habitaron territorios al noreste de Grecia, en lo que hoy corresponde a Bulgaria. Con el avance romano, Tracia pasó a ser una provincia del Imperio romano a mediados del siglo I d. C. Fuentes históricas indicaron que griegos y romanos consideraban esta práctica como propia de pueblos incivilizados.
Análisis previos en Grecia también mostraron consumo ocasional de carne canina. Sin embargo, el estudio en Bulgaria aportó evidencia más amplia y sistemática.
Características de los perros sacrificados
La zooarqueóloga Stella Nikolova, del Museo Arqueológico Nacional de la Academia Búlgara de Ciencias, examinó restos de 10 sitios arqueológicos de la Edad del Hierro. La mayoría de los perros presentaron hocicos medianos y un dorso de tamaño medio a grande. Estas características los aproximaron al tamaño de un pastor alemán moderno.
Los esqueletos mostraron marcas claras de sacrificio en varios huesos. La investigadora indicó que estos perros probablemente cumplieron funciones de vigilancia, dado que los asentamientos contaban con numerosos animales de cría. La evidencia no los vinculó con el concepto moderno de mascotas.
En el sitio arqueológico de Emporion Pistiros, un centro comercial del interior de Tracia, se recuperaron cerca de 80.000 huesos de animales. De ese total, un 2% correspondió a perros. Casi el 20% de esos restos caninos presentó marcas de corte realizadas con herramientas de metal.
Dos mandíbulas inferiores mostraron dientes quemados. Este detalle sugirió la eliminación del pelaje mediante fuego antes de la cocción. Los cortes se concentraron en las extremidades posteriores, zonas con mayor masa muscular. También aparecieron incisiones en las costillas, a pesar de su bajo rendimiento cárnico.
Consumo ocasional y no forzado
Los tracios contaron con otras fuentes de carne como cerdos, aves, peces y mamíferos silvestres. Por esta razón, la investigadora descartó el consumo de perros como un recurso extremo. El patrón de corte coincidió con el utilizado en ovejas y ganado, lo que evidenció un proceso de faena similar.
En Emporion Pistiros, los restos de perros aparecieron junto a desechos de banquetes y en basureros domésticos. Este contexto reforzó la idea de un consumo ocasional, vinculado a celebraciones específicas y considerado una comida esporádica dentro de la cultura tracia.
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