
El País Internacional
Madrid. Los restos fosilizados de un animal que es un mosaico de pez y tetrápodo, y que vivió hace 375 millones de años en el Ártico canadiense, están sirviendo para llenar un hueco importante en la evolución de los peces a los vertebrados terrestres.
El estudio de este eslabón perdido -un término que rechazan los paleontólogos, pero que sigue utilizándose por su impacto en la imaginación-, se presentó el jueves en la revista Nature .
Con el aspecto y el tamaño de un cocodrilo mediano, el animal reptiliano, del que se han encontrado tres ejemplares desde 2004, tiene cuello y costillas, para soportar el peso en tierra.
El cuerpo está cubierto de escamas y las extremidades anteriores son más parecidas a las patas delanteras de un animal terrestre de cuatro patas que a las aletas pectorales de los peces. Estas 'patas-aletas' contienen huesos esqueléticos robustos, pero terminan en radios en vez de dedos.
El fósil ha sido bautizado Tiktaalik roseae. Los científicos que han realizado el descubrimiento, bajo el liderazgo de Neil Shubin de la Universidad de Chicago, han tomado prestada la palabra con que se refieren a los peces grandes de aguas someras los habitantes del territorio de Nunavut, Canadá.
Rompecabezas evolutivo. " Tiktaalik cubre en gran medida, pero no totalmente, un gran hueco en el panorama de la transición de los vertebrados desde el agua a la tierra firme", comentan los expertos Per Erik Ahlberg y Jennifer A. Clack en la misma revista.
Ellos sitúan el nuevo fósil entre fósiles anteriores: el Panderichthys , más pez que tetrápodo, encontrado en Letonia y el Acanthostega , más tetrápodo que pez.
Por su parte, los autores del descubrimiento recuerdan que las muñecas, los tobillos y los dedos diferencian las extremidades de los tetrápodos de las aletas y que la transformación de las segundas en las primeras representa un hito en la historia de los vertebrados.
El fósil ahora presentado es fruto de un proyecto de investigación dirigido precisamente a encontrar este tipo de animales de transición en sedimentos de las zonas más prometedoras (ríos del periodo devónico tardío) del planeta, como las de la isla de Ellesmere, en el ártico canadiense.
Los científicos tuvieron que llegar allí, en plena tundra, por medios aéreos y enfrentarse a las bajas temperaturas y grandes vientos, informó National Geographic , sociedad que financió en parte las expediciones.