
El hallazgo de un fósil de 250 millones de años confirmó que los ancestros directos de los mamíferos ponían huevos. La evidencia proviene de un embrión de Lystrosaurus, un vertebrado herbívoro que sobrevivió a la extinción masiva del Pérmico-Triásico. El estudio se publicó el jueves 9 de abril en la revista PLOS One.
El Lystrosaurus destacó tras uno de los eventos más extremos de la Tierra. Mientras muchas especies desaparecieron por calor intenso y sequías, este animal logró dominar varios ecosistemas. El descubrimiento del huevo con embrión resolvió una duda científica que se mantuvo durante décadas sobre la reproducción de estos antecesores.
La investigación se desarrolló con un equipo internacional. Los científicos aplicaron tomografía avanzada con rayos X de sincrotrón. Esta tecnología permitió observar detalles microscópicos conservados por millones de años. El fósil se descubrió en 2008 durante una expedición. Con el tiempo, se identificó que el pequeño nódulo contenía un embrión.
La confirmación llegó años después gracias a estudios en el European Synchrotron Radiation Facility. Los análisis mostraron que la mandíbula del embrión no estaba fusionada. Este rasgo indicó que el animal no podía alimentarse por sí solo. Los expertos concluyeron que murió antes de salir del huevo.
El investigador Julien Benoit, de la Universidad de Witwatersrand, explicó de forma indirecta que este detalle resultó clave para resolver el enigma sobre el fósil.
¿Por qué este huevo es excepcional?
Los científicos señalaron que los huevos del Lystrosaurus tenían una cáscara blanda. Este tipo de estructura es similar a la de algunos reptiles actuales. A diferencia de los huevos mineralizados, estos se conservan con dificultad en el registro fósil. Por esa razón, el hallazgo se considera muy raro.
Durante más de un siglo de estudios, no se identificó un huevo de terápsido con tanta claridad. Esta condición aumentó el valor científico del descubrimiento.
El análisis también determinó que el Lystrosaurus producía huevos grandes en relación con su cuerpo. En especies actuales, este rasgo se asocia con embriones con mayor cantidad de nutrientes. Esto favorece un desarrollo más independiente.
Los resultados indicaron que el animal no producía leche. Sus crías nacían en una etapa avanzada. Estos individuos podían alimentarse solos, escapar de depredadores y alcanzar rápido la madurez.
Otro elemento clave fue el tamaño del huevo. Los huevos grandes presentan mayor resistencia a la desecación. Esta característica resultó ventajosa en un ambiente seco tras la extinción masiva.
¿Por qué importa este descubrimiento?
El estudio indicó que la estrategia reproductiva del Lystrosaurus influyó en su éxito evolutivo. La producción de crías más desarrolladas permitió una adaptación rápida a condiciones extremas.
Los investigadores señalaron que el impacto del hallazgo supera la paleontología. El análisis aporta información sobre cómo las especies responden a cambios ambientales drásticos.
La científica Jennifer Botha, también de la Universidad de Witwatersrand, consideró que el hallazgo marca un precedente. Se trata de la primera evidencia directa de puesta de huevos en ancestros de mamíferos. Benoit añadió que estos datos permiten comprender cómo organismos antiguos enfrentaron crisis globales. Esta información ayuda a analizar posibles respuestas de la biodiversidad ante cambios climáticos actuales.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
