
El uso de flechas envenenadas por humanos comenzó mucho antes de lo que se creía. Un estudio científico identificó rastros de veneno vegetal en puntas de flecha de 60.000 años de antigüedad encontradas en Sudáfrica. El hallazgo desplazó en más de 50.000 años las evidencias previas sobre esta técnica de caza.
La investigación se basó en puntas de flecha de cuarzo recuperadas en la región de KwaZulu-Natal, al sureste de África. El análisis microquímico y biomolecular confirmó la presencia de compuestos tóxicos derivados de plantas nativas del sur del continente.
El estudio fue desarrollado por científicos de la Universidad de Estocolmo, en Suecia, y se publicó el 7 de enero en la revista científica Science Advances. Hasta ahora, las pruebas más antiguas sobre flechas envenenadas se ubicaban hace unos 7.000 años.
Las piezas analizadas proceden del abrigo rocoso de Umhlatuzana, un sitio arqueológico excavado en 1990. Las flechas corresponden al Período Paleolítico, una etapa marcada por condiciones ambientales hostiles y alta competencia por recursos.
Según los investigadores, la introducción del veneno ofreció ventajas decisivas. Esta técnica aumentó la eficacia de la caza y redujo el riesgo físico para los grupos humanos, al permitir que la presa sucumbiera tras el impacto inicial.
Los análisis detectaron alcaloides tóxicos propios de la familia botánica Amaryllidaceae, exclusiva del sur de África. La fuente más probable fue el exudado del bulbo de Boophone disticha, una planta ya asociada a otros artefactos antiguos de la región.
El veneno identificado no producía un efecto inmediato. Esto implicó que los cazadores debían planificar el seguimiento de la presa hasta que las toxinas surtieran efecto. Este dato evidenció un razonamiento avanzado y un conocimiento profundo del entorno natural.
Las puntas de flecha de Umhlatuzana pertenecen a periodos separados por decenas de miles de años. Por esa razón, el estudio no determinó si la técnica se mantuvo de forma continua o si fue redescubierta en distintos momentos históricos.
Los autores señalaron que la investigación aportó la primera evidencia directa del uso de venenos vegetales en armas de caza durante el Pleistoceno. El trabajo también mostró que estos grupos humanos sabían identificar, extraer y aplicar sustancias tóxicas de manera eficaz.
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