
Las aguas del norte del Pacífico costarricense albergan un proceso clave en la vida de las tortugas verdes juveniles: su etapa de crecimiento en zonas costeras. Un estudio publicado en la revista PLoS One analizó cómo estas tortugas utilizan el espacio en el golfo de Santa Elena, una zona donde se identificó recientemente un sitio de alimentación poco estudiado.
La investigación se centró en comprender cómo estos animales se mueven, cuánto tiempo permanecen en el área y qué tan distribuido es su uso del hábitat. Esta información permite identificar zonas críticas para su conservación en una etapa en la que dependen de ambientes costeros para crecer.
Las tortugas verdes pasan sus primeros años en mar abierto. Cuando alcanzan cerca de 44 cm de longitud de caparazón, se trasladan a zonas costeras donde permanecen como juveniles. En esta etapa cambian su alimentación: dejan de consumir principalmente animales pequeños y pasan a alimentarse sobre todo de algas, pastos marinos y material de manglar.
Para estudiar su comportamiento, los investigadores capturaron 15 tortugas juveniles en bahía Matapalito y les colocaron transmisores acústicos. Estos dispositivos permiten registrar la presencia de los animales cuando pasan cerca de receptores instalados bajo el agua. En total, el equipo utilizó 11 estaciones distribuidas en distintos tipos de hábitat, como manglares, arrecifes rocosos, parches de coral, zonas fangosas y áreas con macroalgas.
El seguimiento se extendió entre 19 y 628 días. Con estos datos, los investigadores calcularon un índice de residencia, que indica cuánto tiempo permanece cada tortuga en el área. Los valores variaron entre 0,17 y 1,00, con una mediana de 0,72. Esto refleja que algunas tortugas utilizan el sitio de forma ocasional, mientras otras permanecen allí de manera constante.
El estudio también analizó cómo se distribuyen las tortugas dentro del espacio disponible. Para ello utilizó el índice de Shannon, una medida que permite describir qué tan uniforme es el uso de diferentes zonas. Los resultados mostraron valores entre 0,92 y 1,94.
Las tortugas juveniles más grandes presentaron valores más altos en este índice. Esto indica que utilizan varias áreas de forma más equilibrada. En cambio, las más pequeñas tienden a concentrarse en zonas específicas.
En cuanto a las estaciones del año, el estudio no encontró diferencias significativas en el uso general del espacio. Sin embargo, sí identificó una interacción entre el tamaño de las tortugas y la temporada, lo que sugiere que los patrones de movimiento cambian según estas dos variables combinadas.
El área estudiada presenta condiciones ambientales marcadas por la estacionalidad. Durante la época de afloramiento, entre diciembre y abril, llegan aguas frías y ricas en nutrientes que favorecen el crecimiento de macroalgas. En los meses siguientes, las aguas son más cálidas y hay menos algas disponibles.
Los investigadores señalan que los datos obtenidos ofrecen una base para entender la ecología de estas tortugas en la región. También permiten identificar la importancia de estos hábitats costeros como zonas de desarrollo para individuos juveniles en el Pacífico costarricense.
El estudio aclara que el método utilizado tiene limitaciones. Los receptores solo detectan a las tortugas dentro de un rango determinado y no permiten confirmar con exactitud el tipo de hábitat que ocupan en cada momento. Además, factores como el viento, las olas o el ruido biológico pueden afectar la detección de las señales.
