
El aire que usted respira en su vivienda no es igual al de otras casas. Cada espacio cerrado posee una composición química propia. En ella influyen partículas, gases y microorganismos que emiten quienes habitan el lugar, incluidos los animales de compañía.
Un estudio publicado el 1.º de febrero en la revista Environmental Science & Technology analizó con rigor científico cómo los perros modifican la calidad del aire interior. La investigación midió los gases, partículas y microorganismos liberados cuando los animales respiran, se sacuden, juegan o se rascan.
Los científicos realizaron las pruebas en una cámara climática altamente controlada. El espacio contaba con aire filtrado, temperatura y humedad constantes y sin interferencias externas.
Esa condición permitió atribuir cualquier cambio en la calidad del aire exclusivamente a los perros.
Uno de los mayores retos fue mantener a los animales dentro de la cámara sin provocarles estrés. Dusan Licina, de la Escuela Politécnica Federal de Lausana en Suiza, explicó que fue necesario familiarizarlos entre sí y garantizar la presencia de personas conocidas por ellos.
El estudio incluyó dos grupos. Uno estuvo conformado por tres perros grandes. El otro reunió a cuatro perros pequeños de raza chihuahua. Los investigadores observaron casi en tiempo real cómo los animales afectaban el aire durante periodos de descanso y durante la interacción con humanos.

Qué liberan los perros en el aire
Los científicos utilizaron indicadores ya asociados con la contaminación generada por humanos. La piel libera células y pequeñas cantidades de amoníaco (NH3) y compuestos orgánicos volátiles. La ropa libera fibras y microorganismos. Tanto humanos como perros emiten dióxido de carbono (CO2) al respirar.
El estudio determinó que perros y humanos emiten niveles similares de CO2.
Los perros también liberan amoníaco a través de la piel y la exhalación. Este gas funciona como indicador de actividad biológica. Se produce en pequeñas cantidades durante la digestión de proteínas y participa en reacciones químicas en el aire.
En este aspecto, los perros generan prácticamente la misma cantidad de amoníaco que sus dueños.
La diferencia principal aparece en la proporción entre amoníaco y CO2. En los perros esa relación es mayor.
Esto significa que un perro que emite la misma cantidad de CO2 que un humano produce significativamente más amoníaco. Según Licina, la causa probable está en la alimentación rica en proteínas, el metabolismo particular y la respiración acelerada que utilizan para regular su temperatura corporal.
Sacudidas y caricias liberan grandes partículas
Cuando el perro se sacude, se rasca o recibe caricias, libera cantidades considerables de partículas relativamente grandes.
Estas partículas incluyen polvo, polen, restos vegetales y microbios. Muchos de estos elementos fueron detectados por sensores especializados. Varias partículas mostraron fluorescencia al exponerse a la luz ultravioleta.
Cada vez que los perros se movían dentro de la cámara, los investigadores registraban verdaderas nubes de contaminación interna.
Los perros de gran tamaño emitieron entre dos y cuatro veces más microorganismos que los humanos en el mismo entorno. Por ello, representaron la mayor fuente de emisiones microbianas en el espacio cerrado.
Los investigadores señalaron que este alto nivel de diversidad microbiana no implica necesariamente un efecto negativo.
Otros estudios indican que la exposición a una variedad de microbios puede favorecer el desarrollo del sistema inmunológico, especialmente en niños.
Aún no existe claridad total sobre el impacto exacto en la salud humana. Sin embargo, las mediciones permiten cuantificar cómo los perros actúan como transportadores móviles de material biológico dentro del hogar.

Reacciones químicas con ozono
El estudio también examinó reacciones químicas secundarias relacionadas con el ozono (O3).
El ozono reacciona con grasas presentes en la piel humana, como el escualeno. Esa reacción produce compuestos químicos nuevos como aldehídos y cetonas.
Los perros no producen escualeno. Sin embargo, cuando reciben caricias, acumulan residuos de piel humana en el pelaje. La reacción con el ozono puede ocurrir incluso antes de que el animal entre en un espacio interior.
A pesar de las caricias recibidas, los perros generaron alrededor de un 40% menos de derivados de ozono que los humanos.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
