En lo alto de una hacienda de ganado lechero en Santa Rosa de Oreamuno, Cartago, se yergue una ermita de madera pequeña en tamaño, pero enorme en belleza, historias y valor patrimonial.
Aunque no está declarada como patrimonio nacional, esta capilla en la hacienda El Plantón –propiedad de los hermanos Álvaro y Julio Sancho– sí posee gran valor patrimonial: no solo porque ya tiene más de un siglo de vida útil, sino también porque es un bello ejemplar de las llamadas “casas de viguetas”.
Casa muy tradicional. Según el Centro de Patrimonio del Ministerio de Cultura, el “sistema de viguetas” caracterizó la arquitectura urbano-rural de la segunda mitad del siglo XIX.
Esto es, era la forma tradicional como los costarricenses construían sus casas; no obstante, actualmente quedan pocos ejemplos en el país.
Para construir las casas de viguetas primero se cortaba la madera a pura hacha. Los trozos de madera eran ensamblados –no clavados– unos sobre otros mediante unas incisiones cerca de los extremos de las viguetas.
Singular historia. La ermita tiene valor agregado: su historia. Aunque “reside” en Santa Rosa de Oreamuno desde hace 27 años, este santuario fue una casa que estuvo en el poblado de Llano Grande del distrito de Pacayas, Alvarado, durante más de 70 años.
En 1979 Rodrigo Sancho le compra la casa de viguetas a la familia Solano Calvo, que la tenía vacía. Él la traslada a la finca de la familia en Santa Rosa de Oreamuno para que sirva de ermita.
Para ello, antes de desmontarla de su sitio original, Róger Sánchez, administrador de la finca, se encargó de hacer unos “planos” a pura mano y cálculo. Allí numeró cada una de las piezas de madera para después armarla exactamente como era en su versión original.
Según está documentado, el traslado se hizo entre setiembre de 1979 y agosto de 1980.
La ermita también se ha convertido en un refugio de antigüedades con sus respectivas historias.
Por ejemplo, los reclinatorios en su interior fueron comprados al Convento de Cartago. Además, la familia adquirió también el viacrucis y el órgano viejo de la iglesia de San Rosa de Oreamuno.
Restauración pendiente. Actualmente esta capilla tiene varias viguetas carcomidas por el comején o muy dañadas por la humedad. Asimismo, unos vitrales están quebrados y necesita el cambio de varias de las tejas del techo.
“Tenemos que restaurarla y lo haremos pronto”, dijo Julio Sancho, uno de los dueños de la finca.
“La familia siempre la ha conservado y la seguirá conservando como una tradición”, agregó.
La ermita de viguetas es un orgullo no solo para la familia Sancho, sino también para la comunidad. Además, es un atractivo para los curiosos que la llegan a visitar y fotografiar los domingos.
