
Las luces visibles desde el espacio durante la noche cambian de manera constante en casi todo el planeta. No solo aparecen nuevas zonas iluminadas: muchas otras disminuyen su brillo, se apagan temporalmente o alternan entre ambos procesos.
Esa es la principal conclusión de un estudio publicado en la revista Nature, liderado por investigadores de la Universidad de Connecticut y la NASA, quienes analizaron imágenes satelitales diarias de iluminación nocturna entre 2014 y 2022.
Hasta ahora, gran parte de los estudios sobre iluminación artificial nocturna utilizaban imágenes anuales o mensuales. Ese tipo de promedios mostraba una tendencia global hacia un planeta cada vez más iluminado, pero ocultaba cambios rápidos o temporales.
En esta investigación, los científicos trabajaron con 1,16 millones de imágenes diarias del sistema satelital Black Marble de la NASA. El análisis permitió detectar cambios bruscos y graduales en áreas iluminadas de todo el mundo, con una resolución aproximada de 500 metros por píxel.
Los investigadores encontraron que las noches del planeta son mucho más dinámicas de lo que se pensaba. En promedio, cada sitio que registró cambios experimentó 6,6 modificaciones distintas durante los nueve años analizados.
El estudio calculó que 3,51 millones de kilómetros cuadrados tuvieron al menos un cambio en su iluminación nocturna. Además, al sumar todas las alteraciones ocurridas año tras año, la superficie acumulada de cambios alcanzó 21 millones de kilómetros cuadrados.
Los aumentos de brillo representaron un incremento equivalente al 34% de la iluminación global registrada en 2014. Sin embargo, las disminuciones compensaron parte de ese crecimiento y redujeron el equivalente al 18% de la luminosidad inicial. El balance final mostró un aumento neto del 16% en la iluminación nocturna mundial.
Los autores identificaron distintos fenómenos detrás de esos cambios.
En Asia, especialmente en China e India, el brillo nocturno aumentó por expansión urbana, construcción de infraestructura y electrificación.
En otras regiones aparecieron disminuciones asociadas con apagones, conflictos armados o crisis energéticas. El estudio menciona ejemplos como cortes eléctricos en Venezuela, conflictos en Medio Oriente y reducciones en la quema de gas en instalaciones petroleras.
También detectaron cambios vinculados con políticas públicas. En algunas zonas de Europa y Estados Unidos, la reducción gradual de iluminación coincidió con programas de ahorro energético y sustitución de luminarias por sistemas LED.
Para los investigadores, estas variaciones permiten observar procesos humanos casi en tiempo real. La iluminación nocturna puede reflejar crecimiento urbano, actividad económica, desastres naturales, transformaciones energéticas o interrupciones en infraestructura crítica.
El estudio también señala que las zonas con menor cambio suelen coincidir con regiones deshabitadas, reservas naturales o áreas remotas con poco desarrollo humano.
Los autores afirman que analizar imágenes nocturnas diarias abre una nueva forma de estudiar cómo cambian las ciudades y las actividades humanas en el planeta. Según el artículo, estos datos podrían ayudar a evaluar políticas energéticas, medir efectos de crisis y comprender mejor el impacto ambiental de la iluminación artificial nocturna.
