
Una de las aves más raras del planeta marcó un hito en Nueva Zelanda. El pasado 3 de abril eclosionó el huevo número 105 de la temporada reproductiva 2026 del kākāpō, un loro en peligro crítico de extinción. Este resultado elevó las expectativas de conservación para una especie que hoy suma apenas 235 individuos adultos.
El kākāpō (Strigops habroptilus) destaca por su tamaño. Puede pesar entre 3 y 4 kg, lo que lo convierte en el loro más pesado del mundo. También presenta una característica única entre los psitaciformes: no puede volar, debido a sus alas pequeñas y atrofiadas.
La cifra de 105 eclosiones representa el mejor registro en más de 30 años de monitoreo. Durante la actual temporada, las aves pusieron 256 huevos. De ese total, nacieron 105 crías. Sin embargo, solo 98 siguen con vida y un huevo permanece en incubadora. Esta diferencia evidencia la fragilidad de la especie.
Los especialistas esperan más nacimientos en los próximos días. Si se concreta, el 2026 superará el récord anterior de 2019, cuando 85 huevos eclosionaron. La temporada se evaluará hasta mediados de julio. En ese momento, las primeras crías cumplirán 150 días y se clasificarán como adultas.
Reproducción lenta y alta mortalidad complican la recuperación
El kākāpō se reproduce cada dos a cuatro años. En cada ciclo, la mayoría de las hembras logra incubar solo una cría. Esta dinámica limita el crecimiento poblacional.
La supervivencia de los polluelos también enfrenta riesgos. Factores como la destrucción del hábitat, la caza y la presencia de depredadores introducidos afectan su desarrollo. Según datos del Programa de Recuperación del Kākāpō, siete crías murieron durante la temporada. Otras cuatro recibieron atención en el Hospital de Vida Silvestre de Dunedin.
Los equipos de conservación mantienen vigilancia constante. En uno de los casos recientes, un guardaparques encontró a un polluelo en estado crítico. El ave presentaba debilidad extrema y coloración anormal. Un veterinario del zoológico de Auckland aplicó una técnica básica de reanimación. El animal logró recuperarse al día siguiente.
En otro episodio, una cría de apenas 12 días presentó una herida profunda cerca del cuello, en la zona de la vena yugular. El equipo médico intervino de inmediato para estabilizarla.
Monitoreo intensivo y apoyo humano marcan la diferencia
El seguimiento de cada ejemplar resulta clave. Las crías reciben nombres según su madre, número de nidadas, huevo y año de nacimiento. Uno de los casos más conocidos corresponde a una polluela que surgió de un huevo transmitido en vivo por la plataforma Kākāpō Cam el 25 de enero.
Estos esfuerzos reflejan el alto nivel de intervención humana necesario para evitar la extinción. Cada temporada define el futuro de una de las aves más singulares del mundo.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
