
Una roca encontrada hoy en una montaña pudo haberse formado cerca del ecuador. Un fósil hallado en Europa pudo pertenecer a un ecosistema tropical. Incluso el lugar donde hoy está una ciudad pudo haber estado mucho más al sur o más al norte hace millones de años.
La Tierra ha cambiado a lo largo de su historia. Los continentes se mueven, chocan, se separan y forman nuevas montañas. Por eso, entender dónde estaba un lugar en el pasado es clave para reconstruir antiguos climas, rastrear fósiles y explicar cómo evolucionó la biodiversidad.
Con ese objetivo, un equipo internacional liderado por el geólogo Douwe van Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht, desarrolló una nueva versión de Paleolatitude.org, una herramienta en línea que permite calcular la posición pasada de cualquier punto del planeta hasta hace 320 millones de años, cuando existía el supercontinente Pangea. El estudio fue publicado en la revista PLOS One.
La plataforma funciona como una especie de mapa del tiempo geológico. El usuario introduce una coordenada actual y selecciona una edad geológica, y el sistema calcula en qué latitud se encontraba ese lugar cuando se formó una roca, vivió un organismo o se depositó un sedimento.
La latitud es importante porque determina cuánta radiación solar recibe una zona y, por tanto, influye directamente en el clima. Saber si una muestra estuvo cerca del ecuador o más próxima a los polos ayuda a entender antiguos ambientes marinos, ecosistemas desaparecidos y patrones de biodiversidad.
La nueva versión, llamada Paleolatitude.org 3.0, incorpora el primer modelo paleogeográfico global que reconstruye no solo los grandes continentes, sino también regiones mucho más complejas como cadenas montañosas y placas tectónicas desaparecidas.
Esto incluye zonas como el Himalaya, el Mediterráneo, Irán, el Caribe y el sudeste asiático, donde distintas rocas quedaron apiladas unas sobre otras por procesos de colisión tectónica y donde antes era más difícil calcular su ubicación original.
Los investigadores también actualizaron el sistema paleomagnético que sirve como referencia para estas reconstrucciones. Las rocas conservan señales del campo magnético terrestre existente cuando se formaron. Como ese campo se relaciona con el eje de rotación del planeta, esas señales permiten calcular la paleolatitud original de una muestra.
La nueva versión utiliza una base de datos más precisa y un análisis más detallado, lo que reduce la incertidumbre y mejora la exactitud de los resultados frente a versiones anteriores.
Además, la plataforma ahora permite hacer cálculos masivos, exportar gráficos y datos, y medir automáticamente el margen de error de cada estimación.
Los autores explican que esta precisión abre nuevas posibilidades para estudiar cómo cambió la biodiversidad a través del tiempo y cómo evolucionó el clima del planeta.
También facilita el trabajo de investigadores de paleontología, paleoclima y geología que necesitan reconstrucciones geográficas precisas sin especializarse en tectónica de placas.
