
Un grupo de científicos confirmó por primera vez la presencia de infecciones autóctonas de Leishmania infantum en perros de Costa Rica, un parásito que puede causar leishmaniasis visceral tanto en animales como en seres humanos. El hallazgo se realizó en ocho perros de Guanacaste y San José que nunca habían salido del país.
La investigación, publicada en la revista Frontiers in Veterinary Science, documentó casos detectados entre 2023 y 2025 mediante pruebas serológicas, análisis moleculares y estudios histopatológicos. El trabajo fue desarrollado por investigadores de la Universidad de Costa Rica (UCR), la Universidad Nacional (UNA), la Escuela de Medicina y Cirugía Veterinaria San Francisco de Asís y centros colaboradores internacionales.
Hasta ahora, Costa Rica solo tenía reportes aislados del parásito en humanos, fauna silvestre y un perro importado desde España. Sin embargo, no existía evidencia científica sólida de transmisión local en perros nacidos y criados en el país. El estudio confirmó que el parásito circula dentro del territorio nacional y que los perros pueden actuar como reservorios.
La investigación analizó ocho perros sospechosos de leishmaniasis visceral canina. Cuatro presentaron síntomas como anemia persistente, lesiones en la piel, crecimiento anormal de uñas, inflamación del bazo y pérdida de peso. Los otros cuatro no mostraban señales visibles de enfermedad.
Los científicos encontraron el parásito en ganglios linfáticos, piel y bazo. Además, siete de los ocho perros dieron positivo en pruebas moleculares para detectar ADN de Leishmania. Según el estudio, las secuencias genéticas halladas en Costa Rica se parecían más a cepas presentes en Europa, Asia y África que a las descritas previamente en Brasil.
La Dra. Alicia Rojas, microbióloga de la UCR e investigadora del estudio, explicó en un comunicado institucional que el hallazgo permite fortalecer la prevención y la vigilancia temprana. “Con el estudio comprobamos que hay casos circulando y que los perros pueden ser un reservorio del parásito”, afirmó la especialista. También aclaró que los perros no transmiten directamente la infección a las personas, sino que se requiere la participación de un flebótomo, conocido popularmente como mosquito ariblanco.
La leishmaniasis visceral humana puede afectar órganos como el hígado, el bazo y la médula ósea. Sin tratamiento oportuno, la enfermedad puede causar complicaciones graves.
El estudio también identificó perros infectados sin síntomas clínicos. Según el Dr. Víctor Montenegro, investigador de la UNA y coautor del trabajo, esto representa un desafío sanitario porque algunos animales pueden convertirse en transmisores silenciosos. En declaraciones incluidas en el comunicado de la UCR, Montenegro indicó que cerca del 60% de los perros infectados en el mundo no presentan síntomas visibles.
Los investigadores señalaron que el siguiente paso será fortalecer la vigilancia epidemiológica, ampliar las pruebas diagnósticas y monitorear la presencia de flebótomos en el país. También recomendaron evitar el abandono de mascotas y acudir al veterinario ante lesiones cutáneas persistentes, pérdida de peso o síntomas compatibles con la enfermedad.
