
Un nuevo dinosaurio carnívoro, Xenovenator espinosai, fue descrito de forma oficial tras un hallazgo realizado en el estado de Coahuila, México.
El descubrimiento se publicó en la revista científica internacional Diversity y aporta datos clave sobre la evolución de los dinosaurios en Norteamérica durante el Cretácico tardío, hace aproximadamente 74 millones de años.
El fósil apareció en rocas de la Formación Cerro del Pueblo, una unidad geológica reconocida por su abundante riqueza paleontológica. Esta formación data del periodo Campaniano y se considera una de las más importantes para el estudio de dinosaurios en México.
La investigación estuvo a cargo de un equipo internacional liderado por paleontólogos mexicanos del Museo del Desierto, en Coahuila, y de la Universidad Humanista de las Américas, con apoyo de la University of Bath, en el Reino Unido. El trabajo se basó en un endocráneo excepcionalmente bien conservado, junto con material craneal adicional atribuido a al menos tres individuos distintos.
El análisis permitió identificar una combinación única de rasgos anatómicos. Estos caracteres confirmaron que Xenovenator espinosai pertenece a la familia Troodontidae, un grupo de dinosaurios terópodos pequeños a medianos, estrechamente relacionados con el origen evolutivo de las aves.
Según las comparaciones anatómicas, este ejemplar alcanzó más de 3 metros de longitud y un peso estimado de hasta 160 kilogramos, lo que lo ubica entre los troodóntidos de mayor tamaño conocidos.
Los investigadores determinaron que este dinosaurio presentaba ojos de gran tamaño, lo que facilitaba la caza en condiciones de poca luz. Además, mostraba un oído altamente desarrollado, una característica asociada con capacidades sensoriales avanzadas.
Para el estudio del fósil, el equipo utilizó tomografía computarizada, técnica que permitió examinar el interior de las piezas óseas sin dañarlas. El análisis reveló detalles en las líneas de sutura y en la estructura frontal del cráneo, suficientes para establecer que se trataba de una especie nueva.
Los troodóntidos se caracterizan por poseer cerebros relativamente grandes en proporción a su cuerpo. Esta condición sugiere comportamientos complejos y sentidos muy desarrollados, en especial la visión y el oído. Su dentición, con dientes finamente serrados, apunta a una dieta especializada u oportunista.
La morfología craneana de Xenovenator espinosai resultó altamente diagnóstica. Sus afinidades anatómicas con especies asiáticas aportan evidencia sobre intercambios faunísticos entre Asia y Norteamérica durante el Cretácico tardío, una etapa marcada por conexiones intercontinentales y una notable diversificación de dinosaurios carnívoros.
El estudio también amplió el conocimiento sobre la distribución geográfica de los pequeños dinosaurios carnívoros en el continente. Los investigadores señalaron que el territorio que hoy corresponde a México cumplió un papel clave en estos procesos evolutivos.
El nombre Xenovenator alude a su carácter inusual y a su condición de depredador. El epíteto espinosai rinde homenaje a Luis Espinosa, paleontólogo pionero en el estudio de los dinosaurios de México y formador de varias generaciones de especialistas.
Durante la presentación del hallazgo, Espinosa destacó que las rocas y las células conservan memoria. Según explicó, disciplinas como la geofísica y la geoquímica permiten interpretar esa información y reconstruir el pasado geológico y bi profiling.
Además de su valor taxonómico, la investigación analizó las implicaciones funcionales del cráneo, mediante comparaciones con otros dinosaurios y con animales actuales. Este enfoque permitió explorar hipótesis sobre el comportamiento, la biomecánica y la ecología de estos depredadores que habitaron el norte de México hace más de 70 millones de años.
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